Laura y Elva: ¿En qué momento nos volvimos estúpidas? – El Maltrato psicológico. Parte 1

Mucho hemos escuchado sobre: LA VIOLENCIA PSICOLÓGICA HACIA LA MUJER, pero este tema sigue siendo poco explorado y difícilmente delimitado a nivel legal, personal y social.

Lo que para algunas de nosotras puede calificar como un “daño psicológico”, para otra mujer de nuestra misma edad y misma ciudad, puede no representar ningún daño.

Se plantea que la principal causa de violencia hacia la mujer es: la SITUACIÓN DE VULNERABILIDAD, es decir el hecho de tener pocos recursos propios lo que pone a la mujer en una situación de dependencia con respecto a su pareja y ello aumenta el chance de sufrir violencia. ¿Qué recursos propios? Pues tus recursos son las habilidades que tienes para proteger tu salud, dignidad e identidad, recursos adquiridos durante el desarrollo infantil y adolescente. Estos recursos, hacen por ejemplo, el que SEPAS que eres una persona que tiene derechos, el sentir que tienes un apoyo emocional y social en caso sufras violencia, y lo más importante: reconocerte como un ser independiente de su pareja y que por tanto es capaz de sobrevivir sin ella.

Si es difícil de comprender estas aristas, les expongo unos casos que lamentablemente me compartieron mis amigas.

LAURA

Laura era una amiga de la universidad, ambas teníamos 24 años y ella ya tenía una relación de más de 5 años con un chico (también de la universidad, misma Facultad). Se veía como una relación normal, común, nada que llamara la atención. Un día Laura me dijo que le preocupaba “engordar”, y empezó a preguntarme a diario: “Esta ropa me hace ver gorda?”, “Qué dieta me recomiendas para poder bajar unos 3 kg?”, “Me puse faja, ¿que tal me veo?”. 

Las preguntas de Laura me tenían aburrida, además que yo no era de mucha ayuda pues en ese entonces luchaba contra mi bulimia. Así que un día, salimos al cine y luego a un café donde le pregunté porque estaba tan obsesionada con su peso pues yo no había visto ningún cambio en su cuerpo. En esa reunión ella me contó que su novio ya la tenía hace más de un año con la frase:

“Cuando empezamos eras más delgada, creo que con el tiempo me buscaré una más flaca”

La frase me pareció super machista y estúpida, pero esta se había metido mucho en la mente de Laura, y no solo estaba obsesionada con como le lucia la ropa, sino que me confeso que había empezado a vomitar y tomar laxantes. Esto ya era grave, entonces comprando más café le pedí que me dijera que más pasaba.

Entonces me contó que muchas veces cuando mantenía relaciones con su novio, este se detenía y le decía: “No me excitas Laura, estas gorda y fofa”, y simplemente ya no continuaba. Ella le sugirió que podría ser un problema sexual, quizá el atravesaba un periodo de impotencia; ante esta sugerencia él se enojó y dejo de hablarle unas tres semanas, en las cuales ella se sintió culpable no solo por el comentario sino por no ser capaz de excitarle.

En algunas fiestas, él comparaba los cuerpos de otras chicas con el de ella: “esa chica tiene la figura que tenias tu cuando empezamos a salir, una figura bonita, ahora no se que te ha pasado!”, “esa chica, SI TIENE un lindo trasero”, entre otras tonterías.

En los últimos meses, la vergüenza que ella sentía por su cuerpo, se extendió a como se percibía ella como mujer capaz o no. Un par de veces ella se confundió en calcular el vuelto que debía recibir en un restaurante, y el mesero le dio un vuelto menor al que debían darle; el novio le recriminó:

“Eres tan estúpida para calcular un vuelto! como es que ingresaste a la universidad?”

Laura se sentía estúpida, gorda, humillada y fea.

“Siento que en algún momento se me jodió la vida, la cara, el cuerpo, y ahora soy fea, indeseable, lo peor es que también me he vuelto estúpida”. 

Sonaba increíble que una mujer con una carrera universitaria, capaz de obtener buenas notas y a quien sinceramente JAMÁS vi gorda, ahora hablaba como si la hubieran despojado de todas sus virtudes.

– Te das cuenta que nadie se vuelve estúpida de la noche a la mañana? y que además gorda no estas. Es una relación de años, no te va a decir que ahora ya no te desea por gorda, si la relación no se fundamente en tu peso sino en que se amen- le dije

– El me ama, pero no se cuanto más me pueda amar hasta que me de tiempo de ser la misma de antes– me respondía llorando.

ELVA

¿Alguna vez has visto como corren los perritos de la calle asustados a esconderse cuando creen que les van a pegar? Esa era Elva. Trabajábamos juntas y cada vez que su novio la llamada por telefono, ELVA parecía esconderse, achicarse, hasta su espalda parecía encorvarse.

– ¿Por qué te llama tanto tu novio?- le pregunté

– Es que tenía que haberle hecho un pago virtual de su curso, y se enojó porque hice el pago unos 20 minutos tarde y dice que eso le enoja

– ¿Acaso pierde el pago o el derecho al curso por la demora? 

– No, solo que no le gusta que yo sea impuntual.

No me dijo, ni quise preguntar en esa ocasión, que cosas le decía él mientras le reclamaba, que palabras usaba, porque no creo que un : “Oye Elva, hiciste el deposito tarde”, fuera a lograr tal reacción de miedo en ella.

Un día en que fui a hacer un trámite administrativo para obtener de un diplomado, me encontré casualmente con Elva en la misma universidad. Ella había ido a hacer el trámite de su novio. La forma en que la encontré fue en un estado de caos. 

Elva tenía los ojos rojos, se notaba que había llorado, además estaba sentada ante un escritorio (en el área que nos daban para “arreglar” los documentos) y las manos le temblaban visiblemente.

– ¿Que paso? Estas bien? – le pregunté acercándome con mucho cuidado a ella. No quería alterarla más porque en verdad parecía al borde de un colapso.

– ¿Tienes engrapador?- me respondió, pero su voz era como si de no encontrar engrapador fuera a sufrir un colapso nervioso.

Sentí pena, me vi reflejada en Elva, en una época en la que un ex novio me trataba de inútil, yo debía tener la misma cara de “colapso nervioso”. Le conseguí engrapador, grapas, goma, además le ayude a armar el expediente para la solicitud de diplomado de su novio, le ayude a llenar los formatos y además le ayude a sacar copias. Elva parecía en todo momento que iba a soltar los papeles y dejar que se los lleve el viento.

Cuando terminamos de presentar los expedientes (el de su novio y el mío), le pedí que me acompañe a comer un postre. Ella accedió, y entonces me contó lo siguiente:

Ella tenía listo el expediente del novio hace una semana, y le había prometido a este que iría el martes a ingresarlo por mesa de partes. El martes ella salió tarde del trabajo, y ya no fue a dejar el expediente. El miércoles él se entera, por ella, que aun no presentó su expediente, entonces él le empezó a gritar:

“¡Toda la vida me prometes cosas que nunca harás!” 

“Eres una desordenada, no te organizas, no piensas, no tienes idea de lo importante que son mis papeles, todo te importa una mierda!”

“Si me vas a hacer un favor, lo tienes que hacer COMO YO QUIERO”

Entonces él decidió que haría el trámite por su cuenta y se llevo el expediente. Pero el jueves la llamo al celular muy temprano, gritándole que él no tenía tiempo de hacer el trámite así que ella debía recoger de nuevo el expediente y llevarlo con prontitud. Cuando ella recogió el expediente, el le volvió a decir cosas:

“Ahora mas te vale que lo hagas bien! Siempre me perjudicas, eres tan inútil en verdad!”

Cuando ella llego, ese día a la universidad, y abrió el expediente vio que él había sacado muchas hojas (fotocopias, formatos) que ella ya había foliado y ordenado: el expediente estaba incompleto. Entonces ella entro en crisis, y fue cuando yo la encontré.

– Pero si el expediente estaba incompleto, era porque él ha sacado esas hojas, si es así no es tu problema si estaba incompleto – le dije.

– Es su forma de probarme. Debo demostrar que tan inútil no soy – respondió sin dejar de mover su cuchara en una taza de café.

– ¡PERO SI LE ESTAS HACIENDO UN FAVOR!- Exclamé

– Pero no lo hice bien, si hubiera salido del trabajo más temprano el martes, no hubiera pasado esto. Es mi culpa por no programar mis actividades.

Si en estos dos casos no ves las claras señales de maltrato psicológico, pues #amigadatecuenta, esto es maltrato.

En estos casos encontramos:

  • Infravaloración de las capacidades intelectuales: “eres una estúpida”, “Como pudiste ingresar a la universidad así”.
  • Sobrevaloración de las características negativas: Todo lo malo es mucho peor de lo que en verdad es. Incluso si te dicen “GORDA” y en verdad estas subida de kilos, ¿eso amerita tal exageración y vejación?
  • Anteposición de los intereses ajenos a los propios. El salir tarde del trabajo es un factor sin interés para no haber cumplido con el “deber de ayudarle con sus trámites”.
  • Condicionamiento del cariño, afecto, de la relación en si: “Si no haces esto, no se como puedo seguir a tu lado”.
  • Rechazo. Todos tenemos derecho a rechazar algo que no nos gusta; pero el rechazo sustentado en un infravaloración como “no tengo deseo por ti porque estas gorda”, ese es el rechazo al que nos referimos.
  • Insultos, reclamos exagerados, gritos.

Todas son acciones de maltrato psicológico, en el que no necesitas tocar o golpear a alguien para provocarle una reacción de MIEDO continuo.

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