El sacrificio de las madres. La conciliación imposible.

Que difícil es conciliar trabajo, maternidad y estudios.

Hace unos meses tenía mi vida resultas, o algo así, tenia 3 trabajos y entre ellos me daba tiempo de atender a mi hijo, sacarlo a pasear y conversar con el de noche. Pero como todo en la vida, las cosas cambian cuando no las esperas. Mi hermano menor, que termino de capacitarse en un area, me quitó uno de los trabajos; y es que en un negocio “familiar”, también los trabajos pueden quitarse por el miembro familiar más nuevo o capacitado. Este gran bajón a mi economía no me derrumbo, pero lo que si me llevo abajo fue que tanto mi padre como mi hermano me empezaron a decir, de manera pesimista, que me iría mal en mis proyectos laborales a menos que tomara “tal o cual curso”. Me presionaron a tomar una capacitación adicional y pues cedí, y aquí estoy, ahogada en estudios, vídeos de clases y anotaciones.

Con lo que no cuentas, es con la labilidad de las promesas familiares. Cuando prometen “ayudarte” a cuidar a tu hijo o a “distraerle” mientras tu estudias, pero luego todos están abocados a lo suyo y debes multiplicarte entre estudios, trabajo y niñera.

No sé ustedes, pero mis padres siempre se han caracterizado por abandonarme cuando más los he necesitado, y también por que no notan cuando los estoy necesitando, por lo cual tengo que prácticamente ponerme un letrero gigante que dice:

POR FAVOR, NO PUEDO SOLA, AYÚDAME.

Y esto ha sido así durante la maternidad, durante mis crisis borderline y durante mis crisis de adolescente. Es como que tengo que marcarles el 911 para que me ayuden, sino les marco pueden quedar ahí, distantes sin siquiera ver como me hundo. Así he sentido mi vida siempre. Mis padres no saben de las veces que me he cortado o las veces que tomaba muchas pastillas de diazepam para no pensar en nada.

Esta etapa es diferente. Tengo miedo, miedo de no lograr la estabilidad económica que necesito para darle un ambiente seguro a mi hijo. No se puede vivir de amor, y las cuentas del colegio, la ropa y la comida, deben ser pagadas; y además debo tener un dinero juntado para cuando le toque irse a la universidad.

Hace meses sabía que tenía todo calculado, pero ahora no tengo nada en mi calculadora mental. Se que tengo que estudiar y capacitarme, pero este proceso me distancia de mi hijo, a quien ya no arrullo para dormir, a quien ya no tengo tiempo de sacar a pasear como antes. Ahora debo llegar a las 8pm del trabajo, darle besos y abrazos, mandarlo a dormir y yo madrugar hasta la 1am estudiando. Pero los niños no son tontos, mi hijo me ve distanciada y estresada, y siendo las doce de la noche escucho su vocecita decirme:

“Mamá, ¿a qué hora vas a venir a hacerme dormir?”

Y me parte el corazón no poder hacerlo, porque se que si me acuesto a su lado se me irá la voluntad para seguir estudiando o leyendo, y querer dormitar con él. Pero mi hijo no entiende eso, y me sigue diciendo:

“Mamá, tengo miedo, puedes venir a abrazarme?”

Y es que él es así, es un niño cariñoso que disfruta de la compañía de su mamá. Su mamá es el arrullo favorito del día, y ahorita yo le estoy limitando a su “mamá”, y no cuento con nadie para suplirme en esta función, aunque dudo mucho que alguien podría hacerlo.

Desearía que mi padre y mi hermano, no hayan sido pesimistas con mi futuro. Desearía que creyeran más en mis proyectos y si no creen en mi, no importa, pero al menos deseo que no me deseen cosas malas: “Te irá mal”, “No te alcanzará el dinero”, “Te vas a estancar”, me suena más a malos deseos que a simple advertencia.

Les he pedido ayuda, les he dicho que no puedo con todo. Que no necesito dinero, pero si apoyo, animo, que me ayuden a no sentirme mal madre, pero para ellos estas “son tonterías”. Les he dicho que tengo diagnóstico borderline y déficit de atención, pero ambos creen que es es falso o que mi psiquiatra me inventó diagnósticos. Les pido ayuda a gritos, pero es como si me dijeran: “AY POR FAVOR QUE EXAGERADA”, y no exagero. La sensación de incapacidad, culpa, temor al fracaso y la desesperación de no ser buena madre, me invade y me desgarra la mente u el corazón, pero ellos no pueden ver esto. Niegan mi diagnóstico y con ello, niegan que el dolor y aprehensión que siento Sean reales.

¿Cuánto debemos sacrificar las madres para cumplir los roles que queremos? ¿Cuánto debemos “complacer” el juicio ajeno para que se nos considere exitosas?

Si le dedicas poco tiempo a tu hijo, está mal.

Si le dedicas poco tiempo al trabajo, eres ociosa.

Si no estudias, no quieres superarte.

NO SE PUEDE CON TODO.

Estoy cansada de pedir ayuda, de que no entiendan mi cabeza, y cansada de sentir que en este proceso estoy dejando a mi hijo solo (otras vez la culpa).

Si las personas dejaran de juzgarnos, como si fuéramos máquinas perfectas que tienen que cumplir estándares de calidad, sería más fácil. Pero los estándares existen y son altísimos, y la forma en que me criaron hace que NECESITE cumplir estos estándares, a costa de mi salud mental y mi salud emocional.

Hoy temo, por mi hijo, no quiero que él sienta la sensación de abandono inminente que yo tenia de pequeña (cada vez que mi madre decía que se iba a ir de la casa para trabajar en otro país). Hoy decido, para mal, o para bien, que sacrificaré mi salud física, y dormiré menos y viviré menos, con tal de cumplir con mi trabajo, mi estudio y mi hijo. No se puede con todo, y las madres nos vemos obligadas a hacer sacrificios, y la gente que nos rodea minimiza lo que hacemos con un simple:

“PERO ES LO QUE TIENES QUE HACER”

No es así. Lo que debería estar haciendo es siendo feliz y cuidar mi mente, en vez de torturarla a diario con la aprehensión que siento por cumplir estándares de perfección inalcanzables.

4 comentarios

  1. Mucho ànimo! ❤
    Esta cosa de que "las madres podemos todo", "mis hijos me dan fuerzas", tienen un fondo machista. La madre tiene que sacar tiempo de calidad, dinero y energìa de donde sea, y si no lo consigues, eres mala madre y floja. El problema, es que ahora NO NOS CALLAMOS.
    Yo tambièn he tenido una madre que ha cargado con todo: carrera de gerente, su empresa, familiares ancianos/enfermos, deudas, 3 hijos… y un marido narcisista (que pronto serà ex). Siempre la vì agobiada y estresada, pero NUNCA ha desfogado el estrès en nosotros ni jamàs nos ha hecho sentir que su malestar era nuestra culpa. Eso ha hecho la diferencia. Y sobretodo, siempre nos ha hecho notar que ella AMA su trabajo, que es algo sòlo de ella y que habìa que respetarlo. Yo estoy aplicando eso con mi hijo. Aûn es chiquito y tiene mamitis, pero ya entenderà.
    Las cosas van cambiando. Nuestras madres no sabìan que podìan quejarse y exigir ayuda. Nosotras en cambio sì :).
    Sorry por el post tan largo. Tus artìculos me gustan mucho.

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  2. Ese es el eterno problema de las madres.. balancear su propia vida con la vida de los hijos… yo como abuela lo veo obviamente desde otra perspectiva. Cuando era joven y trabajaba full, además con un trabajo absolutamente demandante y lleno de presión, me sentía tan mal cuando llegaba tarde a la casa sólo para ver dormidas a mis hijas.. claro que en esa época vivíamos todavía con mis padres y teníamos una nana super linda que las adoraba. Nadie me recriminaba nada, era yo misma la que me martillaba la cabeza. Pero como es de suponer, los trabajos de oficina tienen su lado divertido cuando se sale a festejar tal o cual fecha, una despedida de alguien o algún aumento inesperado de sueldo que hay que celebrar. No me perdí de nada y allí también estaba ese bichito martillando la cabeza: estás dejándolas solas… Demás está decir que el famoso dicho de “dales calidad de tiempo más que cantidad” se ponía en práctica los domingos que eso sí, salíamos a pasearlas sí o sí.
    Todo esta lucha mental que la sociedad impone a las madres no sucede en la cabeza de ellos. Si se quedan a trabajar hasta tarde pues es eso, trabajan sin remordimiento, sin perder un solo segundo pensando en qué estarán haciendo los hijos, si ya hicieron su tarea, si ya se bañaron, si ya cenaron.. los roles están claramente definidos.
    Mis hijas ya son adultas y jamás mencionaron o me han comentado haberse sentido abandonadas, en ese sentido esas horas dedicadas a mi vida profesional, así hayan sido muchas, no las marcó de ninguna manera. No recuerdan nada de eso, así que relájate, la niñez pasa en un abrir y cerrar de ojos …y llega la adolescencia, a la que debemos llegar mentalmente preparadas, pero bueno ese es otro cantar. No seas tan dura contigo misma y pide ayuda a tus padres que para están los abuelos, te lo digo también yo.
    Un abrazo solidario!

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    1. Gracias por tu consejo y el abrazo solidario. Mujeres como tú, me han aconsejado estos días y me han aliviado por MIL la carga. Sentirme identificada en otras mujeres y ver como sortearon estos momentos me ha fortalecido y también me enseño a no ser tan dura, como dices tu. Gracias.

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