La Navidad tóxica vs. La Navidad feliz: una historia de familias tóxicas

La Noche Buena y la Navidad en mi familia siempre ha sido COMPLICADA, entendiendo por COMPLICADA a “CONFLICTIVA”.

Mi madre siempre ha tenido una personalidad dependiente, y que intenta “compensar” a sus hermanos y padres por “ser más afortunada que ellos”. “Mis hermanos no tienen todo lo que yo tengo”, repite siempre; pero no es capaz de ver que lo que tiene es producto de su trabajo, su esfuerzo y su constancia, pues ella y sus hermanos tuvieron el mismo origen familiar, étnico, geográfico y educativo.

Mi padre y yo, nos parecemos mucho. No nos gusta el bullicio, ni el desorden. Podemos pasar horas frente a la pantalla de la televisión viendo documentales, o leyendo libros de todo género, nos gusta el silencio, el equilibrio y las conversaciones largas luego de terminar la cena.

Todos los años mi madre quiere pasar la víspera de Navidad con sus padres (mis abuelos), pero no solo pasarla ella, sino que vayamos todos a pasarla con ellos. Cuando yo era niña, me llevaba a rastras, me obligaba a sentarme en la mesa de mis abuelos, y me caía mi pellizco si ponía mala cara así que tenía que sonreír. Mi madre pasaba por alto mi incomodidad al lado de esa rama de la familia, no veía que mis tíos se burlaban de mi (para ellos eran “bromas”), que mis primos contemporáneos me pegaban y sus padres no hacían nada para evitarlo, y que mi abuela daba los frutos y las presas de carne más grandes a mis primos HOMBRES (pues porque eran hombres, y los hombres son más fuertes y tienen que comer más). Ella no veía que yo me sentía incomoda, que me escondía a llorar por momentos y que trataba de guardar silencio el mayor tiempo posible. Mi madre solo veía que mi abuelo (su padre) pasaba la víspera y la Navidad con “todos su nietos”, y así el abuelo era feliz, sin importar en que situación estuvieran los nietos en ese momento (así nos estuviéramos jalando los cabellos y mordiéndonos entre nosotros).

Odiaba esas Navidades, las odiaba con todo mi corazón. Yo quería ir donde mi otra abuela, la paterna, donde mis primos jugaban conmigo, mis tías me abrazaban y me decían: “Que bonita te haz puesto!, y mis tíos me contaban historias de cuando ellos eran niños y reíamos todos. Ahí nadie se burlaba de mi “gran barriga redonda”, ni se burlaban de “mi peinado de niño”, ellos me abrazaban con cariño y la comida se repartía para todos de igual manera.

Pero mi mamá, cada año, cerca al 20 de Diciembre empezaba su pataleta para que vayamos donde sus padres: “Tienen que querer a mi padre! Es su abuelo!”, “Es mi familia! Tenemos que ir con ellos!” “Ustedes son egoistas porque no quieren ir conmigo”. Cuando crecí y pude sugerir ideas, se me ocurrió decirle un día:

“Y ¿si vas tú con tus padres, y yo me quedo en casa con mi papá y mi hermano?” 

Recuerdo que me pego. Me dijo que yo era una majadera, una contestona, que cómo se me ocurría separar a la familia en Navidad, que la Navidad “era sagrada” y se pasaba en Familia. Esa Navidad fuimos de nuevo todos a la casa de mi abuelo, de nuevo mis tíos se burlaron de mi. Ese año yo ya menstruaba, y me manche el pantalón, y todos se rieron. Recuerdo que deseaba morirme.

Mi papá asumía una actitud pasiva siempre: “Yo no voy a pelear con tu mamá por esas cosas sin sentido, porque si no vamos donde sus padres me lo reprochará hasta Mayo!”. Entonces mi papá se iba a trabajar los 24 de diciembre hasta tarde, y a veces “coincidentemente” le tocaba hacer turno en el hospital durante la Noche Buena. Mi papá tampoco era maduro para afrontarlo, el también huía de pasar malos momentos, pero me dejaba al lado de mi madre y de su tóxica familia. “No puedo hacer nada”– me decía.

Recuerdo muy pocas Navidades felices. Las felices eran aquellas en las que nos quedábamos con la familia de mi papá, o en la que nos quedábamos solo los cuatro: Mi mamá, mi papá, mi hermano y yo. Pero fueron pocas, demasiado escasas.

Con el tiempo ocurrió lo que nos ocurre a todos: Crecí, y me rebelé contra mi madre y todo lo que tuviera que ver con ella. Ella intentaba forzarme a pasar las fiestas con su familia: Día de la Madre, Día del Padre, Navidad, Año Nuevo; yo iba a las reuniones pero ponía mi peor cara, hacía mis peores comentarios, me gané la fama de la “nieta amargada y malcriada”, y ¿saben qué? Me valía verga caerle mal a mis tíos, o parecer la nieta peor educada de mis abuelos. Cuando regresaba a mi casa, siempre me ganaba un grito y un castigo por parte de mi madre: “No te sabes comportar!”, me decía. Yo le decía que la culpa era de ella por forzarme a hacer lo que no quería, pero ella se tendía a llorar y acusarme de que yo era la peor hija, la peor persona, la más mala entre las malas y que “yo no la quería”. Me rompía el corazón escuchar eso de mi madre, pero no podía retroceder el tiempo. Y así fueron todas nuestras celebraciones, hasta que nació mi hijo. Entonces yo ya no era solo “HIJA”, era también “MADRE”.

Entonces, si alguna vez le parecí mala a mi madre, o le parecí “dura de corazón”, ahora me volví todo eso Y MÁS. Yo no iba a dejar que mi hijo pase las fiestas “familiares”, en un ambiente tóxico, donde ahora mis sobrinos lo podrían agredir (porque lamentablemente mis sobrinos salieron igual de agresivos que sus padres), y tampoco lo quería llevar a una casa donde mi abuela lanzaba comentarios como:

– Es blanquito como Emilia! que suerte, es mi bisnieto blanco y rubio!

– Es el más bonito de todos! Parece un niño de comercial! Es todo blanco y rubio!

Al machismo inherente de esa casa se sumo el racismo, no quería llevar a mi hijo ahí.

Así que hice lo peor que pude hacer a los ojos de mi madre: partí a la familia. Mi padre, yo y mi hijo, pasábamos víspera y Navidad y otras fiestas en nuestra casa, solos, comiendo algo sencillo. Mi madre se iba a casa de su padre, no sin antes gritar que eramos unos egoístas, lloraba a voz en cuello diciendo lo mala hija que yo era y que ya la extrañaría el día que ella muriera.

He partido a la familia los últimos cinco años, pero han sido las Navidades más bonitas, tranquilas y llenas de anécdotas que he tenido. Estas Navidades han reemplazado los feos recuerdos que tengo de mis Navidades de niña.

Pero este año pasó lo inimaginable: mi mamá paso la Noche Buena con nosotros. Se quedó, cocino conmigo la cena mientras disfrutábamos unas copas de vino, pusimos la mesa todos, cenamos, y le tomo muchas fotos a mi hijo mientras este abría sus regalos. No protestó, no gritó, no se puso a llorar y no nos acuso de arpías y malos. Luego de unas horas, cuando ya habían pasado las doce y ya era Navidad, me pregunto:

– ¿Puedo llevar a tu hijo a la casa de mi papa? Iré a saludarlo.

– Hay que preguntarle a él, si quiere ir – le respondí, y me acerqué a mi hijo – Amor, ¿quieres ir a la casa del abuelo?

– No mamá, acá estoy bien – respondió mi pequeño, sin dejar de jugar con su nueva figura de acción.

Mi mamá no lloró, no gritó, no le dijo a mi hijo que era un mal niño por no querer ir donde su bisabuelo. Mi mamá espero que venga un taxi a recogerla y fue a ver a su padre y a sus hermanos.

Hoy temprano mi madre desayunó con nosotros, y mi hermano nos acompañó. La esposa de mi hermano, con la que lleva dos años de casado, no estuvo presente. Mi mamá le preguntó: “porque ella no se quedo con él a pasar la Navidad?”, mi hermano le dijo:

– Ella quería ver a sus padres, yo no la voy a obligar a quedarse. Yo quería pasarla con ustedes, y ella no me va a obligar a irme. Pero estamos bien, hemos hablado por whastsapp y mañana regresa. 

Mire a mi hermano con ojos llenos de felicidad. Él había logrado el equilibrio que jamás tuvieron mis padres, él respetaba la decisión y las emociones de su esposa, él no quería imponer nada. Me sentí orgullosa, pues todos esos años que yo protesté, grité y me porté “como la mala hija”, mi hermano nunca protesto. Él era el hermano menor y se dejaba llevar de un lado a otro, como un paquete; pero había crecido sabiendo que eso estaba mal.

Yo, antes, aborrecía la Navidad, pues era el inicio del drama de todos los años. Ahora me gusta un poco más, puedo realmente hacer las cosas que me gustan y ser la madre que siempre desee tener: una que no obliga a su hijo a pasar tiempo con gente que él no desea.

La familia no siempre es la opción “más sana”, no siempre “es el refugio lleno de amor” que nos vende Hollywood. La familia a veces es tóxica, llena de prejuicios, ideas machistas, racismo e intolerancia. Yo siempre vi en mi familia materna, que trataban muy mal a mi tía abuela Francisca, una anciana que los había criado a todos, pero el día que Francisca murió, todos lloraban desconsolados y se embriagaron con cerveza “en su honor”. Yo los odié un poco más ese día, y no participé en el funeral de mi tía abuela. No solo eran tóxicos, sino además hipócritas y abusivos. Yo tuve que tolerar eso, por imposición materna, pero al convertirme en madre decidí que eso no tendría que soportar mi hijo.

Las relaciones tóxicas se deben romper, cortar de raíz y expulsar lo más lejos posibles, así la relación tóxica venga de tu propia familia, de tu propia sangre, de tu propia madre.

Según el Budismo (ultimamente estoy leyendo sobre esto), la mente es la creadora de nuestra felicidad. El cuerpo puede recibir el mejor alimento y cuidado, y nuestras sensaciones pueden recibir los mejores estímulos; pero si nuestra mente no traduce esto en felicidad, no seremos felices. Quizá te puedan haber dicho que “estar en familia es lo correcto”, o “la familia es tu lugar de protección” o decirte “hay que honrar a la familia”, pero si tu mente no percibe los actos que tienes con ellos como “actos felices”, no seras feliz. Deja aquello que te lastima, o te ha lastimado, ve por ti, vela por ti, y abraza tu felicidad. Tampoco jales a otros a lo que TU CONSIDERAS QUE ES LA FELICIDAD, cada mente es única, por tanto hay muchas maneras de percibir la felicidad y lograrla.

Respeta las decisiones de los otros, por más pequeños que sean. Recuerda que “amar”; no es sinónimo de “has lo que yo digo”.

Se feliz.

Anuncios

2 respuestas

  1. Me leíste la mente. Esta Navidad ha sido la mejor. La he pasado lejos de la familia toxica y ha sido liberador, esta es la Navidad más bonita que he tenido. Yo siempre me digo son mis familiares más no son mi familia. Mi familia la encontré en los amigo@s y en mi pareja😊

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s