Cuando los niños dicen que la profesora les pega. Nunca dudes de un niño.

Un día de Octubre, la madre de una de las niñas, llamemos a la niña Sara, nos contó que la Miss Pilar le había pegado. No dijo “Me grito”, no dijo “me jalo”, no dijo “me pellizco”; dijo: LA MISS ME PEGO EN LA ESPALDA.

A partir de que ella contó lo que su pequeña le había confiado, se acabo la paz en mi corazón y creo que en el corazón de todas las madres de los niños del Kinder para niños de 4 años.

Todas las madres de familia empezaron a contar las “pequeñas” experiencias que sus hijos le habían contando en algún momento.

Algunos niños habían manifestado a sus madres que la Miss “gritaba mucho, gritaba todo el tiempo, alzaba la voz siempre”. También manifestaban que si no hacían “la tarea”, la “miss se enojaría mucho”. Las madres de estos niños habían notado, además, que sus niños hacían con aprehensión la tarea, con apuro, algunos hasta ya manifestando temor de equivocarse al pintar o pegar papelitos en su cuaderno.

“No debo hacer borrones sino la miss se enoja”, me había dicho mi propio hijo. Y yo lo disminuí diciéndole que “todos nos enojamos, y que un borrón no es algo tan grave”. 

Otros niños habían manifestado que habían visto a varios compañeritos llorando. Ya tenia 4 años, algunos habían ido al kinder desde los 2 años y ya  se quedaban con facilidad a la hora de ingreso del Kinder. Pero estos niños manifestaban que durante las clases había niños que lloraban. 

“Mi amiguito Pepe siempre llora, la miss le dice que se calme pero él le tiene miedo a la miss y llora más” – le dijo un niño a su madre. 

Otros niños, un total de 6 llegaron a manifestar: “La miss me pego”. El golpe que describieron era igual en los 6 niños: Les había pegado en la espalda, dándoles un palmada bastante fuerte. Cada madre había acudido a hablar, en su momento y de manera individual,  con la miss en su momento, de manera individual o incluso llegando a quejarse con la coordinadora y la directora del Colegio. Cuando las madres compartieron esta experiencia, me sentí morir y unas grandes ganas de vomitar: mi propio hijo me había dicho un día:

“La miss “se choco” contra mi espalda… su mano contra mi espalda, y me quedo doliendo. Pero creo que lo hizo sin intención”– me había contado mi hijo. Yo pensé que la miss se había tropezado con el, y este evento era lo que él me estaba narrando.

Le reste importancia. Pero mientras escuchaba a las 6 madres narrar y describir la zona del cuerpo (la espalda baja, zona lumbar) donde la miss les había pegado a sus niños (y todas coincidían en la misma zona), me estremecí. A mi hijo le habían pegado, pero él en su inocencia no supo interpretarlo.

A mi hijo le había pegado una adulta, en quien yo confié. A mi hijo le habían pegado y yo no lo había protegido. Me sentí morir. 

En su momento todas las madres habían hablado con la miss, la coordinadora o la directora; en todos los casos manifestaban lo que sus niños le habían contado. Las tres personas del colegio negaron todo.

– Aqui nadie le pega a los niños, señora. 

– La miss del salón de 4 años tiene un carácter un poco fuerte, pero tiene años de experiencia, jamas le pegaría a un niño. 

– Los niños exageran cosas o quizá le esta contando algo que vio en la televisión, pero aquí no ha sucedido nunca algo así

Habían sido algunos de los argumentos de la miss, la coordinadora y la directora. Yo misma me había entrevistado con la miss, meses atrás, ya que mi hijo me contó que ella solía gritarle mucho. Acudí a entrevistarme con ella y le pregunté: “¿Por qué le gritaba a mi hijo? ¿Mi hijo ha hecho algo malo? ¿No hay otra manera de corregirlo?”. Ella me negó que gritara a los niños: “Es que mi tono de voz es alto, y algunos niños no están acostumbrados a un tono de voz así en casa, pero yo no les grito, no hago eso.”, me dijo la miss. Igual en ese momento, algo no me dejo tranquila.

Tuvo que ocurrir en el mes de Octubre, que la pequeña Sara se quedara en el colegio llorando 2 días y al salir del colegio su mama también la encontrara llorando; para que su mamá le pregunte una y otra vez que pasaba, y fue cuando esta niña hablo cuando todas las madres contamos lo que habíamos vivido con nuestros hijos a puerta cerrada.

– Ahora mi hijo llora todos los días, no quiere venir al colegio. 

– Mi hijo se orino una vez en los pantalones, pidiéndome con llanto que no lo dejara en su colegio. 

– Mi hijo llora cuando hace la tarea y algo le sale mal. 

– Mi hija juega a la “Profesora” en la casa y le grita a sus muñecas. 

– Mi hija esta ansiosa, todo el tiempo, la siento como si tuviera miedo. 

Todas vivíamos lo mismo, pero no nos habíamos atrevido a compartirlo. Todas lo habíamos sobrellevado en casa y manejado a nuestra manera sin compartirlo. Pero en ese mes de Octubre en que todo “estallo”, nos unimos unas 7 u 8 madres, y empezamos a exigir que la miss sea retirada o nuestros niños cambiados de salón.

Lo primero que hicimos fue contar a las otras mamas del salón lo que había sucedido, al hacerlo, en el 50% de casos surgieron más historias, y más madres se unieron a nuestra protesta; pero en el 50% de casos nos llamaron “EXAGERADAS”. 

Exigimos una reunión con la miss, y no nos la brindaron, así que en la primera reunión que hubo (citados todos los padres por la miss por otro motivo) decidimos quejarnos. Una a una de nosotras interrumpió la reunión contando lo que había sucedido con nuestros niños y lo que habíamos vivido de manera individual: el temor de nuestros hijos en casa, la confesión de nuestros niños, las quejas que habíamos manifestado al personal del colegio, y como aún a pesar de ello todo, seguía “con normalidad” y nuestros pequeños estaban expuestos. Llego a la reunión la coordinadora, ya que la miss “se sintió atacada”, y nunca olvidaré los argumentos que la coordinadora nos dio:

“Nunca hemos recibido quejas de ninguna madre de familia del salón de cuatro años (negando las quejas que habíamos presentado individualmente durante el año), la miss tiene años de experiencia y jamas ha pasado esto. A los cuatro años los niños necesitan mayor control y disciplina para hacer sus tareas, y la miss tiene un carácter fuerte; lo que sucede aquí es que sus niños no están acostumbrados a la disciplina, al orden o a que les llamen la atención…. Ustedes quieren que a sus niños no se les corrija, no se les exija, pero somos un colegio exigente” 

Todas las madres alzamos la voz. Todas a una. Sosteniendo que hay otras formas de corregir, sosteniendo que algunas no eran madres primerizas y que con sus otros niños jamas tuvieron un problema así y que si ahora sucedía es porque debía ser cierto, otras clamaron el despido de la miss en favor de los niños. Hubo una madre que rompió en llanto recordando como su hijo se orino en los pantalones mientras clamaba que no lo dejen en la escuela. Pero nuestro dolor e indignación como madres no era suficiente.

Un padre de familia se puso de pie y dijo:

Mi hijo es travieso, es incorregible, así que si la miss le pone “un poco de fuerza” a su educación a mi no me molesta; creo que estas madres están pidiendo que a sus niños se les trate “como un cristal”. En todo caso están hablando de algo que afecta a un pequeño número de niños, no a todo el salón, deberíamos conversar de los puntos importantes como los próximos juegos deportivos de la escuela.

Mi madre, que habia ido conmigo a la reunion, lo callo:

Señor si su hijo no tiene problemas, lo felicito. Pero el 70% del salón si tiene problemas, así que siéntese y escuche!” – como la amé en ese momento.

La reunión se prolongo unas dos horas, entre reclamos y más historias (que parecían sacadas de una película de terror infantil) sobre las cosas que los niños contaban. Lamentablemente solo conseguimos que la coordinadora se comprometiera en participar en las clases que impartía la miss, no dejarla sola con los niños, y darnos un reporte cada día a la hora de salida. No, no la iban a mover del colegio.

Era Octubre, el año escolar en Perú termina en diciembre, yo no tenía donde matricular a mi hijo, ningún colegio me lo aceptaba en un mes tan avanzado. El me decía:

– Cuando esta la Miss Sofia (la coordinadora) la otra miss nos trata bien y no grita, y mis amiguitos ya no lloran.

De Octubre a Diciembre no le perdí ningún detalle a las conversaciones con mi hijo, no es que antes no fuera así, pero ahora me concentraba mucho más en lo que él me decía. Cuando lo iba a recoger me dedicaba un par de minutos en mirar a la miss y como se portaba con los otros niños, era mi manera de decirle: “Te estoy observando”. Los días en que mi hijo se despertaba y me pedía no ir al colegio, pues no lo mandaba, creo que junto más inasistencias de octubre a diciembre que en todo lo que había empezado el año escolar. Ya no sentía confianza de enviarlo a un lugar donde le habían gritado y también le habían pegado, pero tampoco podía dejar de enviarlo pues necesitaba su “constancia de término del año escolar” para poder trasladarlo a otro centro. Pero desde que todo “estallo”, le dije a mi pequeño:

– Si la miss te grita o te pega o se “tropieza” contigo como la vez pasada que se “choco” con tu espalda: me avisas. Yo siempre, siempre te voy a creer, jamás le creeré a otra persona que no seas tú. Yo te amo, y nadie tiene porque lastimarte: NADIE.

– Nadie debe lastimarme porque soy un niño pequeño – me dijo mi hijo

– Nadie debe lastimarte porque a las personas, y en especial a los más pequeños, no se les lastima jamás, a NADIE. Nadie le debe pegar a NADIE, entendiste? – le reitere, mientras el movía la cabeza afirmativamente.

Los días se hicieron lentos pero finalmente acabo el año y solicité el traslado.

Mi hijo ya lleva un mes u medio en su nueva escuela y cada semana me ha dicho:

“Mamá, en este jardín nadie grita, todos son muy amables, y nadie pega. No quiero volver nunca al otro colegio”

Ya me han llamado a reuniones con la actual profesora y la psicóloga del nuevo colegio, pues él siempre cuenta a quien lo quiera oír, las cosas que sucedían en su otro colegio; y en este colegio SI LE CREEN! Así que las maestras me han llamado en dos o tres ocasiones para preguntarme si yo estoy enterada de todo. He agradecido su preocupación y les he contado lo que paso. Yo también estoy feliz en este nuevo colegio. 

Algunos niños se quedaron en el otro colegio, los cambiaron de miss al pasar al kinder de 5 años, pero la dichosa miss “que grita y pega” sigue dando clases a otros niños; yo no podría haber expuesto a mi hijo a vivir con el temor de cruzarse con esa señora en el patio del colegio o en la hora de entrada, simplemente no quería volverla a ver. No quería además mantenerme en una escuela que no le creía a los niños. Son un “Jardín de Infancia” con más de 20 años de experiencia, trabajan con niños a diario y aún así son capaces de poner en duda lo que dicen, o en todo caso, llegan a anteponer los intereses de un adulto al de muchos niños. Esa escuela, no vale la pena.

De Octubre a Enero, sufrí mucho por “haber permitido que maltrataran a mi hijo”, tuve pesadillas y llore muchísimo. Me sentí más vulnerable que nunca, y me juzgué con rigidez por ser “mala madre”.

En enero comprendí que actué con rapidez apenas se destapo todo. Entendí que había conseguido aliadas en las otras madres, que logramos que otras madres hablaran y por lo menos los niños no la pasaron mal los últimos meses de clases. Entendí que yo, como todas las madres del mundo, quería proteger a toda costa a su hijo pero que hay situaciones que escapan a mis “alas de mamá” y que ante esta situación tome la mejor opción: Nunca dude de mi hijo. Desde que el me dijo que la Miss le gritaba, yo ya había estado alerta, sino hubiera estado alerta no habría conversado con la mamá de Sara, ni con las otras madres en su momento y hubiera continuado aislada de todo. Entendí que no era mi culpa: ME PERDONÉ, y me prometí nunca dudar de mi pequeño.

A las mujeres no nos creen cuando denunciamos un maltrato o cuando denunciamos un acoso, nos piden pruebas, constancias, vídeos, fotos, poco más “Una declaración jurada” del maltratador aceptando que nos ha lastimado. A los niños les pasa exactamente lo mismo, sólo que ellos en su inocencia muchas veces ni siquiera comprenden lo que están viviendo, no saben que lo que les sucede está mal o están viviendo una situación de maltrato, ellos te cuentan las cosas como las ven con sus ojos de niño y desde su experiencia. Mi hijo no podía decir “me pego” porque él no sabia lo que era que un adulto le pegara, el no tenía idea de como expresar eso. Pero cuando supe que lo que él me contó, coincidía con lo que decían los otros niños: LE CREÍ. 

Porque el no tendría porque mentirme, no tendría porque inventarse esas cosas, porque él merece mi protección y tiene derecho a que su palabra no sea puesta en duda por el solo hecho de ser un niño. 

A las mujeres no nos creen cuando denunciamos, a los niños tampoco les cree nadie; pero ambos pueden ser victimas de maltrato. Creerles, creerles es el primer paso para que muchos en su misma situación salgan a decir: a mi también me paso. 

4 comentarios sobre “Cuando los niños dicen que la profesora les pega. Nunca dudes de un niño.

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  1. Que terrible…como pueden ser tan negligentes de dejar ese monstruo con chicos tan chicos? Enseñar violencia, nutrirlos de maltrato psicológico… Me da ganas de vomitar.
    Ojalá consigan que esa mujer deje de dar clases.
    No tengo hijos, pero hubiera hecho exactamente lo mismo en tu lugar. Estás criando a una hermosa personita😊
    Un abrazo.

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  2. Esto me parte el corazòn. La ansiedad aumenta cuando son chiquitos y no hablan aùn. Mi hijo va a una guarderìa y no sabes cuàntas veces he espiado por la ventana jejeje! Tambièn el hecho de no hablar bien el idioma del lugar (vivo en Suiza) hace difìcil la comunicaciòn con las profesoras. La mejor senial de buen trato es ver a tu hijo entrando feliz a la guarderìa o nido. Verlo abrazar a sus cuidadoras. Eso me consuela y alivia un poco el sentimiento de culpa de tener que trabajar tanto.
    Mi hermano en cambio tuvo una experiencia pèsima cuando fue a una guarderìa en Lima siendo bebè. Tenìa 1 anio, no hablaba y de la nada comenzò a despertarse mil veces de noche y lloraba desesperado cuando lo dejaban en la guarderìa. Al final una auxiliar que entrò a trabajar poco despuès, nos avisò que la comida que mis padres le dejaban se la daban a otros ninios! Por eso estaba flaquito y pedìa hasta 4 biberones por noche. Porque tenìa hambre 😦 . Mis padres sacaron a mi hermano de la guarderìa ahì mismo pero no denunciaron porque no quisieron meter en problemas a esa auxiliar y tampoco sabìan a quien recurrir. Al menos, apenas sacaron a mi hermano de ahì comenzò a dormir como una piedra a los pocos dìas.
    Lindo blog! ❤

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    1. Que terrible lo que me cuentas de tu hermano. Es cierto a veces hay que buscar y estar atentas a señales indirectas que nos dan los niños, como las pesadillas, el llanto o la manera como llegan al nido. Que bueno que lo cambiaron pronto de ese lugar y que todo haya salido bien. Que linda experiencia con tu hijito.
      Mil gracias por leerme.

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