La Historia de mi agresor: Inmadura, egoista, loca, pero aún VIVA. Parte final

Si ya había sido su “enamorada de perfil bajo”, su “novia caleta”, su “novia- nada-escandalosa” y que “no solía salir a lugares públicos con él”; ahora que era “oficialmente” su #AMANTE la situación se me hacia insoportable.

Pero la situación no me era insoportable porque sintiera que mi amor hubiera cambiado, porque aunque me joda aceptarlo: aún sentía que lo amaba; pero se me hacía insoportable porque él ya no guardaba ningún cuidado con relación a como “ocultarme” o como “disimular” el hecho de que yo era su amante. Ya era más directo al pedirme cosas como:

  • “No uses colonia ni perfume, porque me puedes traspasar el olor y ella se dará cuenta”. Antes me decía: “No te pongas colonia amor, me causa alergia y estornudos”, y nos burlábamos de como mi colonia le podía causar alergia.
  • “No me llames luego de las 9pm, a esa hora ya estoy en mi casa”. Antes era simplemente que lo llamaba a cualquier hora, si me contestaba el celular bien y si no, no pasaba nada.
  • “Cuando pases por mí al hospital, no me tomes de la mano ni me beses en la boca, trátame profesionalmente como colegas”. Antes era, que si nos veían juntos como pareja en el Hospital, no se vería bien que yo “como mujer” lo esté vaya a recoger, “la gente es machista”, decía, “así que van a hablar mal”.
  • “No puedo verte tan seguido. Que vean mi auto por tu casa frecuentemente levantaría sospechas”. Antes era simplemente que entre tanto trabajo no podía verme con frecuencia.

Esta clase de peticiones que si bien no diferían en ACCIÓN a lo que ya había venido haciendo, por más triste, patético y vergonzoso que me sea aceptarlo; eran ahora un tedio al reconocerlas como “mis tareas como amante”. Empecé a extrañar salir con mis amigas, a hablar libremente con ellas; pero sentía una gran vergüenza de contarles lo que me estaba sucediendo.

Los “castigos” que él me daba cada vez que yo desobedecía a alguna de sus indicaciones, se iban haciendo más frecuentes, y cada vez él reaccionaba con mayor irascibilidad a cualquier acción que yo cometiera que él considerara “tonta o estúpida”. Por ejemplo, cuando le dije que quería celebrar nuestro aniversario yéndonos de viaje a algún resort o a algún pueblo cercano un fin de semana, no solo se limito a decirme un tajante “NO”, sino que además me increpo que yo era una “IRRESPONSABLE, INMADURA, INCONSCIENTE, EGOÍSTA Y QUE NO ERA CAPAZ DE ENTENDER SU DIFICIL SITUACIÓN”. Además de increparme todo esto, me dijo que estaba dejando de quererme “como antes” y me dejo de contestar llamadas y mensajes los siguientes 3 o 4 días. Yo me daba al llanto, a la desesperación, y a cuestionarme si realmente el hecho de pedirle más tiempo juntos era “egoísmo mío”.

Al pelear o discutir con él: me sentía desarmada. No solo porque se dedicaba a tildarme de inmadura, egoísta e inestable; sino porque además se ponía a caminar de un lado a otro de la habitación (cuando estábamos frente a frente) como un gato enjaulado, aumentando progresivamente su tono de voz, aumentando poco a poco la velocidad con la que emitía palabras y calificativos despectivos hacia mí, además de agarrarse la cabeza y frotarse las manos como si se “estuviera reprimiendo de hacer algo”, el rostro se le ponía rojísimo y entre todas las cosas que me decía, no me dejaba interrumpirlo ni un segundo. Si yo lo interrumpía, se acababa la discusión, y se iba.

Cuando peleábamos por teléfono, era lo mismo. Podía yo sentir como,su “cólera”, iba en aumento, porque a estas alturas puedo reconocer que lo que él sentía era cólera y rabia, y cada vez elevaba más y más el tono de voz; y si yo osaba interrumpirlo, simplemente me colgaba el teléfono.

“Se van tolerando pequeñas humillaciones, sutiles desprecios, se permiten la violaciones de la intimidad mediante el permiso explícito o no de mirar mi móvil o mis redes sociales, me someto a tu juicio sobre mí, empiezo a pedir permiso (que no opinión) para tomar decisiones, aguanto tus estallidos de irritabilidad para no empeorarlos, acepto una y otra vez las disculpas y todo ello sostenido por la creencia de que el amor todo lo puede y si queremos que dure, es necesario ser flexible”.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/03/30/mamas_papas/1490879725_914376.html

Yo no tenía como defenderme. Me sentía totalmente inútil. Yo; la profesional titulada, mujer inteligente, culta y bonita; me sentía como un trapo sucio a su merced. Ya no era yo, realmente yo. Yo era una mujer egoísta con mi enamorado, totalmente inmadura, incapaz de controlar mis impulsos y reclamos que le hacía. Él era mi base emocional, si él no estaba yo podía llorar todo el día y no salir de mi cama de pura pena. Me sentía “toda gris”, como si ya no tuviera colores en la piel, era de pronto solo gris y tenía miedo hasta de mi propia voz.

“Cuanto más dura la relación con un psicópata, vamos a asistir a una demolición controlada de la autoestima de la víctima. La demolición consiste en que la víctima se siente cada vez valer menos frente al “dios al que relaciona”, quien crece exponencialmente a través de estrategias de manipulación y seducción, y ese crecimiento de la imagen del psicópata correlaciona con la disminución de la autoestima de la víctima. Esa distancia entre un ego cada vez mas gran y un ego cada vez más pequeño (hasta desaparecer) es lo que causa que los seres que atraviesan por este problema se conviertan en sombras de lo que habían sido”.

Fuente: Profesor Iñaki Puñuel. Video https://www.youtube.com/watch?v=CWnPeaD5Tts&list=PLB239E2DA9E4BF808&index=46

“El psicópata se victimiza y además la verdadera victima termina perdiendo su propio ser”

Fuente: Profesor Iñali Piñuel. Video: https://www.youtube.com/watch?v=ISl47y8NVZw

El día que comprendí que ya no era amor, era miedo.

Un dia fui a recogerlo del hospital. Él salía del turno a las 8pm y yo llegaba 5 o 10 minutos antes. Aquel día pasaron unos 20 minutos y él no salía, entonces empece a llamarlo y le envie mensajes al celular avisándole que ya había llegado y lo esperaba en el mismo lugar de siempre. El solo respondió: “estoy reportando”. Yo esperé y esperé, cada vez sentía más frio (corría un viento helado y yo había ido pues con una casaca delgada) y cada vez me aburría más de esperar pues ni siquiera tenía donde sentarme. Esperé y esperé, convencida de que si me iba a casa o si lo volvía a llamar se enojaría conmigo (si, yo ya sabía que se enojaba por todo y era peor tentar a la suerte). Esperé. Dieron cerca a las 10 p.m. y recién salió de su servicio, él actuaba normalmente, como “si no pasara nada”. Caminamos al estacionamiento, subimos a su auto y empezó nuestro rutinario paseo corto. El hablaba de cualquier cosa aquel día, no hacía mención en absoluto al hecho de porque se tardo 2 horas en salir de su servicio y no me aviso, no hacía mención tampoco de porque yo estaba anormalmente callada y con la mirada fija en al frente; el actuaba como si fuera el día mas normal sobre la tierra. Entonces me enoje, yo tenía derecho a reclamar, esto no era un inmadurez ni un egoísmo de mi parte, era cuestión de consideración y él no estaba teniendo ninguna conmigo. Le dije:

– “Disculpa amor, pero te espere cerca de dos horas, ¿qué paso? Creo que por lo menos podrías decirme “Discúlpame Emilia por demorarme tanto, pero tuve que hacer un procedimiento”, y ya todo ok. Digo, por consideración, al menos?”

Y él estalló. Empezó a gritarme, se puso colérico de inmediato, totalmente rojo de cuello a cabeza, pude ver como hasta las venas de sus brazos y manos se hicieron notorias, empezó a gritarme a la par que con algunas palabras golpeaba el timón de su auto:

“¿Por qué tienes que joder? Si no querías esperarme, te hubieras largado! ¿Acaso yo te pedí que te quedaras? ¿Acaso yo te he pedido algo alguna vez? Todo el tiempo la cagas, todo el tiempo la jodes, no puedes guardarte un solo reclamo, todo jodes, todo pides! Me demore pues, porque tengo que demorarme, ¿acaso eres tonta? No, no lo eres, eres lo suficientemente inteligente para saber que si me demoro es por algo, asi que porque tienes que preguntar tonterías, estoy harto, harto de todo esto, harto de ti, de tu inmadurez!”

Grito y grito. Golpeo su timón varias veces, afortunadamente estábamos en luz roja, y las venas de todo su cuello se saltaron. Íbamos por una calle muy peligrosa, eran las 10 de la noche, era una calle llena de prostitutas y hombres que parecían drogadictos o pacientes fugados de un manicomio (era el camino de regreso de ese hospital) pero sin embargo yo pensé por unos minutos en bajarme de su auto.

“Puedo aprovechar la luz roja y bajar – pensé, mientras los ojos se me llenaban de lágrimas  – puedo esperar a que pase un taxi e irme a casa, puedo irme sola.”

¿Por qué me sentiría más segura en una de las calles más peligrosas de Lima que dentro del auto de mi novio? Pues porque le tenía miedo. El jamás me pego, pero en ese momento yo estaba muerta de pánico, solo atinaba a llorar sin emitir sonido alguno, temía que si sollozaba el pudiera enojarse aun más, ¿y si chocaba el auto contra un poste? Empecé a pensar que era totalmente capaz de hacerme daño físico, ocasionarme dolor. Él lucia como un loco, un energúmeno enojado y quería corregirme, “¿por qué le tuve que preguntar una tontería? ¿Por qué todo lo que sale de mi boca son tonterías? ¿Por qué no deja de gritarme si me está viendo totalmente horrorizada?”, pensé todo esto, lo sopese, las ganas de salirme de ese auto fueron eternas pero estaba petrificada, sentí que si yo hacia el más mínimo movimiento sería peor.

Entonces llegamos a mi casa, me despedí de él (que seguía enojado, ahora en un silencio tajante y despectivo) e ingresé a mi hogar. Apenas cruce la puerta de mi habitación, me tendí a llorar, fue un llanto ahogado, lleno de miedo, me mire las manos y tenia las marcas de mis propias uñas en ellas (había apretado tanto los puños que me deje marcas a mi misma), me mire al espejo y no era yo: Era un esperpento pálido, lloroso y aterrorizado. No recuerdo que hice esa noche. Pero recuerdo que esa noche comprendí que le tenía miedo, pavor y terror. Yo no amaba a ese hombre, y si lo amaba, mi temor por él era mayor a mi amor.

No se cuantos días después acudí a quien entonces era mi amigo “de películas”, es decir un amigo con el que siempre podíamos ver películas de todo género, criticar, usar frases de la película para gastarnos bromas y tomábamos vino mientras nos dábamos a una gran charla posterior a una sesión de cine o sesión de películas en su casa. Acudí a él, con la intención de ver una película y le conté de a pocos, y maquillándole las cosas, como era mi relación con mi novio. Por más que lo quise maquillar como una relación “normal”, él me dijo:

“Mira Emilia en esa relación tu eres la amante, y que yo recuerde en todas las películas, la amante es tratada con mimos, regalos y detalles; tu estas siendo tratada como cualquier cosa. Ahora sino te quieres ver como la amante, sino como una novia secreta, pues peor aún! ¿No te parece?”

No me juzgó. Cuando no me juzgó, supe que podía contarle más, y cuando le conte más, me dijo: “no te das cuenta que en esa relación tu no obtienes nada más que manipulación y maltrato”. Y él fue la primera persona que empezó a hacerme caer en cuenta de cuales acciones de mi novio eran manipulación, cuales acciones eran maltrato y cuales acciones nunca fueron amor. Eran cosas que yo había tenido en la cabeza siempre, que las había pensado, pero que debido al amor y cariño que el me demostraba en nuestra fase de “luna de miel” yo simplemente sacaba de mi mente. Mi novio siempre decía que yo exageraba, que de todo yo hacía un drama, y pues nunca lo contradije; pero en ese momento mi mejor amigo me decía que yo no exageraba que tenía razón, y que “No era hacer drama”, que eran protestas totalmente comprensibles y esperadas.

“Él lo llama DRAMA, porque es su manera de ningunear tus quejas. Porque a ninguna mujer le gusta que le llamen dramática, entonces para que evites que te llamen dramática has dejado de quejarte. ¡Pero no es DRAMA! O sea si el huevon tiene esposa, pero te salió al inicio con el fengaño de que estaba separado y luego te cambió la versión de la historia, y cuando tú le reclamaste por ello, él te dijo “DRAMÁTICA”. No, tú no haces drama, tu reclamas con razón y motivo; y el es muy inteligente y sabe lo que hace”– me dijo mi mejor amigo.

Fue darme contra la pared de mis propias ideas perdidas en el espacio. Alguien me estaba dando la razón, alguien a quien yo consideraba muy inteligente y crítico con mis acciones.

“La víctima duda cada vez más de sí misma y esto refuerza su desequilibrio y crisis de identidad, cada vez está más anulada ya que no puede confiar en su propio criterio. No podrá tampoco compartirlo, bien porque nadie la creería o bien porque quiere protegerlo debido a que en el fondo de sí misma no puede ver y afrontar lo que está sucediendo. Para el agresor el otro no existe, no le escucha con el fin de anularle: si no te reconocen es como si no existieras. Esta táctica va cobrando fuerza y la víctima sin ser consciente va interiorizando esta creencia. Cualquier problema será responsabilidad de la víctima, incluso aunque se den dificultades que no tengan que ver con la pareja, le hará sentir culpable a través de silencios o malas caras. Utilizará también la insinuación, de manera que el otro no pueda defenderse y con el fin de generar inseguridad y mermar la autoestima.”

Fuente: https://www.avancepsicologos.com/el-maltrato-psicologico-en-la-pareja/

Pasaron unos días y acudí a mi mejor amiga. Tuve que acudir a ella por video- chat pues ella trabajaba en el extranjero, y luego de escucharme y verme llorar en streaming, me dijo exactamente lo mismo que me dijo mi mejor amigo.

“ENTONCES YO NO ERA LA INMADURA, LOCA Y DRAMATICA! Ya habían dos personas que pensaban lo mismo que yo!” – pensé dentro de mí.

Quitarme el velo o la etiqueta de INMADURA, LOCA, DRAMATICA y EGOISTA, que él me había puesto, fue como limpiarme las lunas de unos lentes y empecé a ver las cosas con el cristal más limpio.

“Lo que él hacia no estaba bien. Lo que él hacía era consciente porque él era un hombre muy inteligente. El tenía que dejar de hacer todo eso”.

Entonces pensé: “¿Qué es todo eso?”, e hice y me obligue a mi misma a escribir una lista de todo lo que me molestaba o me dolía de nuestra relación. La lista empezaba en algo tan básico como: “Que me saque a ningún lugar público a cenar”, y poco a poco y entre lágrimas mías, terminé en cosas como: “Que no se quede a dormir luego de hacer el amor”, “Que siempre sea mejor el sexo que la conversación que tenemos”, “Que cuando yo pido algo es un reclamo, una inmadurez; y cuando el pide algo es LO QUE YO DEBO HACER”. Hice esa endemoniada lista y me obligué a leerla una y otra vez, y cuando la leía encontraba más y mas cosas que no me gustaban y las agregaba, o borraba algunas y las redactaba mejor, me demore un día entero haciendo la lista esa y cuando acabe tenía 3 hojas tamaño A4 llenas de cosas que no me gustaban.

“¿Y que me gustaba de él? Pues que le amo”, era mi respuesta natural. “Entonces si yo lo amo, y él dice que me ama, y todo esto (estas 3 hojas) son todo lo que me molesta de él: EL DEBE CAMBIAR!”. Fue mi primera y estúpida idea. Porque claro, en la tele y en las películas, “el chico malo” siempre cambia por amor, ¿verdad?.

Bueno pues, con lo psicópatas no funciona así. Realmente con nadie funciona así.

“Hay vida más allá de un psicópata, pero no es una salida fácil, ya que inducen un trauma y una gran adicción de la víctima al psicópata”.

“Cuando se sigue en el tiempo a los psicopatas, se ha visto que continuan haciendo lo mismo con futuras víctimas”.

FUENTE: Profesor Iñaki Piñuel. Video corto: https://www.youtube.com/watch?v=2xoogio8Eb4&t=32s

Yo intenté, por meses, hablar con él y convencerle de que él tenía actitudes muy malas conmigo. Convencerle que me hacía daño y no solo eso, sino que además me controlaba y me había sometido psicológicamente. Si deseábamos ser una relación funcional y buena, él debía dejar esas “estrategias de manipulación” como apagar el celular cuando yo le discutía, cuando no estaba de acuerdo con él o cuando se enojaba porque yo  no hacía algo bien. Obviamente me tildo de loca, inmadura y VICTIMIZARME por decirle esto, de acuerdo a el: JAMÁS ME HABÍA MANIPULADO DE NINGUNA MANERA.

Dado que ambos éramos médicos, intente compartir con él lecturas sobre amor tóxico, dependencia emocional, ansiedad y psicopatología en el amor. Me acuso de intentar imponerle mis ideas.

Hice todo lo que una mujer que está enamorada, y que cree que tiene un hombre que le ama, haría por lograr que un hombre cambie:

  • Le hable
  • Intente ser racional
  • Llore, suplique, le rogué.
  • Fui más tierna y dulce, intentando un cambio. Más comprensiva (el tenia sus traumas de la niñez y todo esto podía ser una consecuencia de ello).
  • Radical y le puse ultimatums, que solo lograron que se enoje conmigo, me castigue. Terminó la relación una vez pero yo aun enganchada en mi dependencia emocional, volví con el.

Fueron unos meses, casi un año, que yo recuerdo como entre sueño, insomnio, salidas y conversaciones de madrugada con mis dos mejores amigos, en que gane unos 7 kilos de peso, me enfermé de gripe constantemente, y reprobé el examen para acceder a la especialidad médica. Yo era un fracaso. Me sentía un fracaso, una media cochina tirada en la casa, y que nadie osaba recoger.

Los únicos que jamas me dejaron sola fueron mis amigos, que para salir por un café o una película o para llorar (por vez número 500) por todo lo ÉL me hacía; siempre estuvieron ahí.

En esos meses leí mucho sobre relaciones con psicópatas, leí sobre relaciones tóxicas, intente mirar QUIEN era yo en ese momento y QUIEN había sido antes (y me decepcione), vi muchos videos en YouTube (buenos y malos). En ese entonces no tenía dinero para ir con una psicoterapeuta, y la verdad me hubiera dado vergüenza contar todo. Poco a poco me preparé, me fortalecí, me hice más dura a sus castigos e indiferencia, y no recuerdo en que momento terminamos y yo ya no le dije para volver. Simplemente lo deje marchar, sabía que debía dejarlo ir y nunca jamás dejarlo volver. Fue como sacarme 120 kilos de los hombros y 10 años de edad. Lloré mucho al “perderlo” pero también sentía que al fin podía respirar hondo, profundo, hasta que ambos pulmones se llenaran a plenitud de aire; como si su presencia me hubiera limitado la capacidad de respirar.

Dejo cicatrices y muchas. Mi vida social estaba mermada: tenía pocos amigos, mi circulo social era pequeño. No confiaba en nadie, sentía temor de conocer personas (hombres) pues no sabia con intenciones se acercaban a mí, de cuando en cuando me asaltaban recuerdos de mi relación con ÉL y podía o extrañar los buenos momentos o llorar con verdadero dolor sintiendo las humillaciones que pasé.

Poco a poco fui siendo más consciente de todo lo que el habia hecho conmigo, y pude hasta aceptar (lo que mas me costo) que muchas de mis experiencias sexuales tenidas con él, eran con el fin de satisfacerle, agradarle, asegurar su permanencia a mi lado y no me sentía comoda al hacerlo con él. Me costo aceptar esto último, pues no podía creer que me hubiera podido manipular como un simple objeto sexual, como una muñeca inflable, que yo había sido tan patetica de “hacer algo solo por complacer a otro, sin obtener placer de por medio”. Fue duro, pero lo acepte, y al aceptarlo incrementé en 200% mi seguridad de nunca permitirme estar en otra relación de ese tipo.

Salir de estas relaciones tóxicas, con psicopatas narcisistas: NO ES FÁCIL EN ABSOLUTO. Se requiere apoyo, muchas veces apoyo profesional, y la fortaleza de mantener un contacto CERO con estas personas. No es facil, pues el psicopata te genera dependencia, y además en su paso: te destruye, te despoja de ti misma, te desarma y luego te ataca sin piedad. (Lean aqui el concepto de INDEFENSION APRENDIDA). Como dicen muchos psicologos, no hay golpe emocional más duro que el paso de un psicopata por tu vida, llega y literalmente “te hace mierda”, y luego tienes que reconstruirte con lo que quedo.

Yo nunca más lo volví a ver. Se que se quedo viviendo en la ciudad, yo seguí viviendo en una provincia. Se que sigue con su esposa, se que sigue laborando como médico. No sé si tiene o esta en busqueda de otra víctima, pero no podría jamas acercarme a él para averiguarlo. El contacto CERO, es eso: NADA DE CONTACTAR A TU AGRESOR, POR NADA DEL MUNDO, pues a pesar (de que en mi caso ya son 5 años) haya pasado mucho tiempo de la experiencia aún son capaces de despertar MIEDO, TEMOR, ANSIEDAD y SENTIMIENTOS DE MINUSVALIA, el proceso con ellos es como el de un “estres postraumatico”; y pues si un soldado regresa con este diagnóstico de la guerra, es obvio que lo ULTIMO que se hará con el: es enviarlo de nuevo a una guerra. Es la misma figura con estos depredadores.

He querido contar mi historia, para ayudar a otras, para que sepas QUE NO ESTAS SOLA, NO ESTAS LOCA, NO ERES DRAMÁTICA, NO ERES INMADURA, NO ERES LLORONA, NO ESTAS EXAGERANDO, #HermanaYoSiTeCreo. Si sabes, dentro de tí, que esa relación no te hace feliz y te ocasiona una sensación de dolor o vacio o ansiedad constante; es mejor que busques en tu pareja los signos de si es o no un psicopata, y SAL CORRIENDO, no esperes a estar en un auto a solas con él y a punto de saltar a una calle peligrosa solo para alejarte de él. Amores hay muchos, pero el amor más grande: ES EL PROPIO. 

“¿Como superar la relación con tu psicopata?” 

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=JgoKc20KDyo

6 comentarios sobre “La Historia de mi agresor: Inmadura, egoista, loca, pero aún VIVA. Parte final

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  1. He llorado mucho ayer leyendo esto. Por favor lee tu fb te escribí. Es terrible he pasado eso y mucho peor por año y medio pero gracias a Dios abri los ojos y no puedo creer que tambien escribí algo similar, no dejo de llorar es una espina que no quiere salir que hinca e hinca. Espero compartas mi testimonio para que nadie mas calle.

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  2. Leo y cada vez me convenzo de lo común pero no menos importante sobre lo que escribiste en este caso, pase por lo mismo, imagino ser una de tantas, en mi caso no se si era la amante, una de tantas amigas o la que él nombraba “quiero que seas mi novia, la oficial” o simplemente una chica mas que vio por ahí, le llamó la atención y se propuso conquistar.
    Creo que esto viene de familia, o maxime el propio nivel de conciencia de cada hombre (lastima tantos casos repetidos y similares), en mi caso, fui maltratada físicamente, agredida verbalmente y sin bastar esto psicológicamente me destruyeron, me deje destruir.
    Como mujeres nos damos a amar, a sufrir por amor, a estar allí para ellos bajo sus condiciones, siempre esperanzadas en posibles futuros, en ser oficiales en armarnos y dejar que ellos nos armen universos a su lado, lo sé, llegaremos a un punto en donde nuestra propia voz o llegando al límite una agresión o situación nos lleve a decidir no más!!!! valgo mas que esto, merezco una persona diferente, merezco estar en otras situaciones con otras relaciones, en un ambiente más sano, asi lo vivi y decidí salir, no me arrepiento, y este puede ser un aliento para muchas, CHICAS SALDRÁN DE ESTO, DEJARÁN DE SER o SENTIRSE MISERABLES.
    Puedes stalkearlo, mirar sus redes sociales, saber en cierta medida como va su vida, pero cuando se siente la paz sin importar lo bien que esté ese hombre, cada centímetro de distancia lejos valdrá la pena!

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  3. Gracias por escribir…cada vez siento que mi sueño se rompe. Cada que leo puedo ver que las coincidencias son cada vez más. El egoísmo y el narcisismo son tan frecuentes y comunes. Lo estoy viviendo y aún no se cómo salir de ahí. Siempre digo que la esperanza y la fe son mi sostén. No sé por cuánto tiempo más. La vida sigue pasando y se va diluyendo…quedamos nosotras. Qué haremos con los pedacitos que nos dejen?

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    1. Volvernos a construir! Más bonitas, más fuertes, más complejas. Lo importante es “salir de ahi”, sino sales nunca renaces sino que sigues muriendo de a poquito. Si “sales”, tienes un camino por delante.

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