La historia de mi agresor : Gaslighting, recetas de cocina y la amante. Parte II.

Yo trataba de ser más flaca, más rubia, y más “pudorosa” (por así llamarle) al vestirme; todo por agradarle a él. Los comentarios incisivos continuaban, siempre había frases como:

– “Estás un poco más gordita, ¿no, mi amor?”

– “Ahora he visto que te vistes mejor. No te lo quería decir tan feo antes, pero en verdad te vestías como una vulgar.” 

– “Espero que no estés vomitando lo que comes, sabes que detesto tu bulimia, si bajas de peso que sea a punta de ejercicio. Quiero ver como desarrollas firmeza, y músculo, no quiero una flaca fofa”. 

Yo no protestaba con esos comentarios. Poco a poco aprendí que cuando protestaba por los comentarios que el hacía, él me daba “EL TRATAMIENTO DEL SILENCIO” o “LA LEY DEL APAGÓN DE CELULAR” (como aprendí a llamarlo) que consistía en: apagar su celular, no me dejarme saber de él, y yo simplemente me dedicaba a extrañarlo y a preguntarme cuanto tiempo duraría esta vez “mi castigo”. Si, me sentía castigada.

Él seguía siendo amable conmigo, continuaba llevándome refrigerios al trabajo (cuando podía y de acuerdo a su horario de trabajo), o recogiéndome a la salida de mis turnos para llevarme a casa. Seguíamos teniendo periodos largos de “Luna de Miel”, entre pelea y “castigo”, en los cuales todo era hermoso y recíproco.

“El ciclo de la violencia es una secuencia repetitiva, que explica en muchos casos los casos del maltrato crónico. Se describen tres fases en este ciclo: acumulación de tensión, explosión y reconciliación, denominada, mas comúnmente, “luna de miel””

 “Fase de reconciliación, más conocida como “fase de luna de miel”: Tras los episodios violentos, el maltratador suele pedir perdón, mostrarse amable y cariñoso, suele llorar para que estas palabras resulten más creíbles, jura y promete que no volverá a repetirse, que ha  explotado por “otros problemas” siempre ajenos a él. Jura y promete que la quiere con locura y que no sabe cómo ha sucedido. Incluso se dan casos en los que puede llegar a hacer creer a la víctima que esa fase de violencia se ha dado como consecuencia de una actitud de ella, que ella la ha provocado, haciendo incluso que ésta llegue a creerlo. Con estas manipulaciones el maltratador conseguirá hacer creer a su pareja que “no ha sido para tanto”, que “sólo ha sido una pelea de nada”, verá la parte cariñosa de él (la que él quiere mostrarle para que la relación no se rompa y seguir manejándola). La mujer que desea el cambio, suele confiar en estas palabras y en estas “muestras de amor”, creyendo que podrá ayudarle a cambiar. Algo que los maltratadores suelen hacer con mucha normalidad “pedirles a ellas que les ayuden a cambiar”. Por desgracia ésta es sólo una fase más del ciclo, volviendo a iniciarse, nuevamente, con la fase de acumulación de la tensión”.

Fuente: http://noalmaltrato.com/documentos/ciclos-de-la-violencia-de-genero/

Pero un día me enferme. Ese día enfermé y él no fue a verme a mi departamento, me preguntó a través de un mensaje de texto como me sentía o que tenía. Yo solo le conteste que tenía un poco de dificultad para respirar y tos con flema, pero que estaría bien. Luego de eso, me dí un baño de agua tibia y dormí. Él no volvió a escribirme ni llamarme en toda la noche, y yo dormí como un liron.

Al día siguiente a las 9 a.m. me fue a buscar a mi departamento y en cuanto entró, me gritó. Nunca me había gritado hasta ese momento:

“¡Por que carajos nunca más mandaste otro mensaje de texto! Pensé que estabas muerta, que se te había reventado un pulmón, que tenias un enfisema, ¿por qué no puedes ser más inteligente y pensar en que debes escribirme para saber que diablos te esta pasando? ¿Por qué no puedo saber de ti, porque mierda me has tenido preocupado? Tú eres médico! acaso eres tan idiota o negligente para no darte cuenta que si me escribes QUE TE FALTA EL AIRE puedo asumir que estas en insuficiencia respiratoria!”

Yo, asustada y mirándolo con ojos de espanto, atiné a decirle:

“Pero si tan preocupado estabas, ¿porque no me llamaste? o ¿porque no volviste a mensajearme en toda la noche?”

Entonces fue peor, mucho peor. Deseé no haber dicho nada, y ser como las zarigüeyas que ante el miedo fingen su muerte. Me gritó desde su 1.85 de altura, con su imponente figura y yo me hice aún más pequeña (considerando que mido 1.55):

“Porque tú, tienes que reportar que estas haciendo, tú dijiste que te sentías mal, y como payasa me dejaste PENDIENTE con ESE último mensaje!, yo no voy a estar llamándote como un perro!, TÚ TIENES QUE DECIRME QUE ESTAS HACIENDO! ¿Sabes lo que has conseguido con tu gracia de “hacerte la interesante”? Que a partir de hoy, YO YA NO TE AMO, no te amo, así de simple! Y si quieres que te vuelva a amar, tendrás que hacer mucho, muchísimos méritos para lograrlo!”

Ese día me dijo un montón de cosas horrorosas más. Ese día terminamos teniendo sexo y yo sentía que me faltaba el aire mientras lo hacíamos, y creo que era porque tenia la nariz tapada de mocos de las ganas de llorar. Desde ese día sentí que debía recuperar su amor. Se acabaron los días en que me iba a recoger del trabajo, se acabaron los días en que me llevaba refrigerio, se acabo todo detalle que tenía conmigo; y cuando yo protestaba me decía que todo era mi culpa y que yo lo sabía bien. Yo sentía que ya no merecía ni uno solo de los detalles que él solía tener conmigo.

Fue entonces que cosas como: teñirme el cabello, volver a la bulimia y cambiar mi modo de vestir, eran nada al lado de las cosas en empecé a hacer.

El me decía que le cocine, que todas sus enamoradas le habían cocinado y todas habían cocinado muy bien; salvo una: “Una que cocinaba re mal y realmente daba asco acercarse a ella y a su comida y con el tiempo la dejé”, me dijo. Entonces yo le cocinaba. A mi me gustaba cocinar, pero cuando cocinaba para él lo hacía pensando: “¿Será lo suficientemente bueno?“. Nunca lo era. Siempre faltaba cocción, o sobraba sal, o se me había pasado de azúcar. Yo era una inútil para la cocina.

El me decía que ya no podía pasar mucho tiempo conmigo y que para compensar el poco tiempo que pasábamos, debíamos hacer dos cosas:

Uno, yo tenía que conectarme a internet cada vez que él estuviera de guardia nocturna, a la espera de que él se desocupe y podamos conversar por video chat y mantenernos “al día” sobre lo que pasaba en nuestras vidas. El hacía guardia los sábados de noche, así que mis sábados de noche se convirtieron en días de videochat.

Dos, que yo lo fuera a recoger del trabajo. El había dejado de hacerlo ya que al perder “su amor”, había perdido también ese “privilegio”. Entonces yo iba a recogerlo. Tenía que terminar mi trabajo o estudio antes, para poder llegar a tiempo de recogerlo. El ya tenía un trabajo fijo. Yo apenas hace un año había terminado la carrera y estaba empezando mi primer trabajo remunerado.

Él empezó a halagar cada vez más y más mis atributos sexuales, halagaba como era yo en mi desenvolvimiento sexual, y empezó a hacer preguntas como: “¿No quieres experimentar un trió?” o “¿No quieres experimentar con sexo anal?”. Yo NO QUERÍA, le tenia cero interés a ambas cosas, no porque estén mal, sino porque nunca  las había considerado interesantes. Pero el me lo planteaba así:

“Eres tan hermosa, tan bella, una mujer tan libre, que se expresa con tanta libertad, tan desinhibida, en todo el tiempo que llevamos juntos me has demostrado dulzura y pasión, eres única en tu expresión sexual y estoy seguro que solo te ha faltado que te den la confianza y libertad necesarias para que muestres tal y cual eres…. no quieres experimentar con el sexo anal?”

Su discurso estaba lleno de halagos, de palabras de afecto que acariciaban mi autoestima, pero todo conducía a algo, a algo que ÉL quería. Cuando yo le decía que no me interesaba experimentar eso o aquello; automáticamente todo “ese cariño” por mí se enfriaba y hasta en ocasiones se vestía y se iba. Era una montaña rusa de emociones, un rato estar bien y al siguiente no. Era agotador y triste, y cuando yo quise hablar con amigas o amigos sobre todo esto que tenía en el corazón o en la cabeza, me dí cuenta que ya no tenía amigos.

  • Los había perdido por dedicarle todo mi tiempo libre a él. Al esperarlo a la salida de su trabajo, o estarle cocinando algo que le gustara (que implicaba también salir a comprar ingredientes y dedicar un par de horas a aprender a cocinar algo en internet), o al estar conectada a internet durante sus guardias (los sábados por la noche) para conversar un momento por chat.
  • Las había perdido porque a mis amigas no les gustaba mi relación con él, y yo cegada en mi cariño y dependencia, las alejé de mi para que no me contradigan en “mi felicidad”.
  • Las había perdido porque él me había dicho que mis amigas eran vulgares y convenidas, y no eran una amistad adecuada para mí.
  • Las había perdido por tonta.

Estaba sola. No tenía con quien hablar, con quien desahogarme, a quien pedirle consejo y muy en el fondo, me daba vergüenza por todo lo que estaba pasando.

Yo, sometida por un hombre. Yo, cocinándole a un hombre. Yo, poniendo a disposición todo mi tiempo para un hombre. Sentía vergüenza, pero aún así no podía dejarlo.

Un día le dije para ir a cenar fuera, en la calle. Ya había pasado bastante tiempo de la “enfermedad de su ex”, como para seguir siendo la novia secreta, entonces en lugar de esperar que yo cocine para el porque mejor no salir a cenar (incluso yo podía invitar). Se lo dije muy emocionada y dispuesta a proponer un restaurante de carnes, pues eran nuestro platillo favorito. Entonces trato de decirme mil excusas para no salir a cenar. Todas las excusas se las debatí, de la mejor manera, calmada, sin ánimo de pelearme con el. Cuando se quedó sin excusas para salir conmigo a cenar fuera, y yo ya estaba casi alistándome en mi departamento, me dijo:

– “Es que no nos pueden ver juntos, se vería mal, no ves que estoy con “ella””. 

– “¿Con quien? – pregunto de la manera más boba, estúpida y sin entender que pasaba. 

– “Vamos Emilia, no te hagas. Hace tiempo yo te dije de la enfermedad de “ella” y que por apoyarla en ese difícil momento, yo iba a volver con ella, para que no estuviera sola, así que volvimos y tu lo sabes; no tienes porque hacerte la tonta”

– “No, no me digas eso. Tú me dijiste que la ibas a apoyar, que ibas a ayudarla con su tratamiento, que ibas a cuidar de tu hija, pero que ibas a mantener tu departamento aparte de ellas. Me dijiste que la ibas a apoyar, nunca me dijiste que ibas a volver!” – yo estaba al borde del llanto y la desesperación 

– “No. En realidad vamos a pelear por esto? ¿Tú nunca prestas atención verdad? Yo te dije que iba a volver con ella para apoyarla, para estar cerca a ella. Luego te dije que dejaría de rentar mi departamento y que me mudaría con ella para abaratar costos, por eso cuando volvimos a estar te dije que lo nuestro tenía que ser secreto, privado; porque yo vivo con ella, somos pareja de nuevo. ¿Tú crees que me hubiera alejado de ti, sino hubiera sido porque iba a volver con ella?”

– “Si es así, entonces porque mierda volviste conmigo?”

– “Por que te amo” – me volvió a decir te amo luego de meses. Pero yo, no me sentí feliz. 

Peleamos por horas discutiendo sobre si él había dicho realmente todo eso y yo no le había entendido, o simplemente yo no le había prestado atención. Me llego a decir que yo siempre había sido distraída, que en mas de una ocasión me dijo que ya había vuelto a vivir con ella, y que esa era la razón por la cual de noche no me llamaba por teléfono. Yo hasta ese momento había entendido (o el me había dicho) que no me llamaba de noche porque sabía que yo a esas horas me dedicaba a leer y a estudiar para el examen de especialización, y porque el llegaba muy cansado a casa o a veces porque le dejaban a su hija en las noches a cuidar. Me dijo que esa era y había sido siempre la razón por lo cual lo nuestro no era público. Yo le increpé que yo le había ido a recoger muchas veces de su lugar de trabajo. El me respondió que nunca permitió que yo le diera un beso o le tomara de la mano, en su lugar de trabajo, porque tenía que guardar apariencias; pero yo recordaba que me había dicho que no era correcto besarnos o agarrarnos de la mano en el hospital por cuestión profesional y además en el estacionamiento siempre nos dábamos un beso. El me llamo: olvidadiza, desatenta, tonta, torpe, que solo había escuchado lo que había querido escuchar.

Luego de tres horas de discusión, en las que él tenía respuesta para todas y cada una de las cosas que habíamos hecho en todo el tiempo juntos (ya teníamos más de dos años de pareja); tres horas en las que el mantuvo la calma, el tono de voz convencido y además no dejo de calificarme de distraída, olvidadiza o que había entendido todo a mi conveniencia. Luego de esas tres horas, empecé a dudar de mi y empecé a creerle.

– “Yo te dije desde el principio como eran las reglas de esta relación, y así la hemos llevado estos años, y nunca has protestado, tu siempre has estado de acuerdo. ¿Por qué ahora haces como que no sabes nada?” – me dijo, con una tranquilidad fría y distante. 

Y era verdad, yo siempre había sabido como eran las cosas, yo siempre había sido la amante, todo estaba clarísimo. ¿O no?

 

“Cuando hablamos de “Luz de gas” o gaslighting, hablamos de persuasión coercitiva, lavado de cerebro y de violencia psicológica. Hacer “luz de gas” consiste en conseguir que alguien dude de sus sentidos, de su razón y hasta de los hechos que presencia. Se trata de un eficaz método de acoso que manipula emocionalmente a la víctima para anular su voluntad.”Luz de gas” es también una forma de manipulación muy común en la violencia de género”

Hacer Luz de Gas o Gaslighting. Fuente: http://mujericolas.blogspot.pe/2016/04/luz-de-gas-violencia-de-genero.html

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