Soy la hija de la estudiante QUE NO PUDISTE DESAPARECER #FujimoriNuncaMás

Yo tenía 4 años e ir a conocer vacas y toros era lo mejor que me había pasado hasta entonces. La amiga de mi madre, a quien cariñosamente llamábamos Vicky, nos había invitado a la casa de su familia en la cual se dedicaban a la crianza de ganado vacuno junto con otras actividades agrícolas.

“Mi amiga tiene dinero”, me dijo mi mamá cuando estábamos rumbo a su casa, “su papá cría vacas y se dedica a la venta de leche. Aun así Vicky es la persona más sencilla que conozco”.

Yo iba sentada al lado de mi mamá, en un bus que me causaba mareos, pero no cabía en mí misma de la emoción que sentía. No recuerdo cuantos días o cuantas horas nos quedamos en su casa, pero sí recuerdo que vi el proceso de cómo ordeñaban a las vacas con unos tubos que parecían embudos (¡uno en cada ubre!) y llenaban frascos enormes de leche.

Recuerdo que había fardos de paja en el campo que rodeaba su casa, y que me dieron permiso para escalarlos como si fueran edificios o legos gigantes. Un fardo de paja me causo un raspón en la pierna y me puse a pensar en eso de “La aguja en el pajar”, y le dije al papá de Vicky: “Señor, creo que la aguja del pajar me araño la pierna”, el señor rió buenamente y me explicó que significaba ese refrán y que no se refería a que cada fardo de paja escondiera una aguja presta a lesionarme.

Recuerdo que tome leche de vaca, recién ordeñada, y me supo a una mezcla de leche con pasto (Fue horrible), pero igual la tuve que tomar porque me la estaban invitando y yo quería que me volvieran a invitar a ese lugar.

Cuando llego el momento de irnos, el papá de Vicky dijo: “Vayan en tractor hasta la carretera”.

Y nos subimos a un tractor. ¡UN TRACTOR! A mis 4 años era más de lo que podría haber pedido. Así que mi mama y yo fuimos apretujadas al lado de Vicky (quien manejaba diestramente el tractor) y nos llevo hasta la carretera donde pasaban los buses para retornar a la casa de mi abuela. ¡VIAJÉ EN TRACTOR! Esa sería la historia que le contaría a mis tíos, primos y amigos durante semanas.

No sé cuanto tiempo pasó, pero recuerdo que mi hermano ya había nacido, por lo cual debía ser el año 1991 o 1992, pero un día vi a mi mamá llorando y abrazando a mi papá. Ella lloraba como si estuviera asustada, tenía los ojos y los labios rojos, y se le caían los mocos que no dejaba de limpiar con un trapo de cocina que le alcanzó mi papá.

Me acerque con miedo, pues no sabía que había pasado, y pregunte el porqué del llanto.

Mi madre, mujer que siempre me ha contado las cosas duras y feas del mundo sin maquillaje, me dijo: “A mi amiga Vicky se la llevaron los militares”.

Procedió a contarme, mientras mi papá meneaba la cabeza con desaprobación, que estaban ambas saliendo de la Universidad y afuera había una protesta de estudiantes (pancartas, gritos, tapas de ollas chocando entre ellas); cuando de pronto apareció un camión de militares y empezaron a subir a la fuerza a los estudiantes. Vicky reconoció entre los estudiantes a un amigo (o amiga, no recuerdo), y le dijo a mi mamá: “Los sinchis se están llevando a XXX!”

Mi mamá la intento agarrar del brazo, pero Vicky corrió a pelearse con un militar (un sinchi) y también se la cargaron al camión; en ese preciso momento salió una estampida de estudiantes de la Universidad a defender a los que protestaban fuera e inició un enfrentamiento contra los militares con olor a gas lacrimógeno y con sonido de palos de lucha improvisados. Mi madre corrió.

Mi mamá viajó, juntando dinero con esfuerzo, para avisar a los papás de Vicky, que se la habían “cargado los militares”(no había celulares en esa época, y los papas de Vicky Vivian en el campo no tenían teléfono). Los papas de Vicky buscaron a su hija durante meses, durante años.

Muchos años después, cuando yo ya estaba en la universidad, en el 2005 fue arrestado en Chile el genocida Alberto Fujimori Fujimori (Presidente del Perú de 1990 al 2000). Pasaban la noticia de su captura en la televisión cuando mi madre levanto la cara (estaba concentrada corrigiendo exámenes de sus alumnos) y mirando la noticia dijo:

“¡Caíste maldito desgraciado, ahora pagaras por todas las muertes, las torturas, por la desaparición de estudiantes, pagaras por Vicky!”.

Apenas ella dijo esas palabras, todos los recuerdos, de la casa de campo, la vaca, el tractor, las pilas de paja y la aguja en el pajar; vinieron a mi mente. Entonces, estúpida yo, le pregunte a mi madre:

“Mamá, ¿Qué paso con Vicky?”

Mi mamá volvió a mirar los exámenes que corregía y me respondió sin mirarme: “Nunca lo sabremos”.

 

Poco a poco descubrí que fueron varios los compañeros de aula o de Facultad, tanto de mi madre y de mi padre, que desaparecieron durante los 5 primeros años de Gobiernos de Alberto Fujimori, quien desde el 25 de diciembre esta libre “gracias” a un indulto presidencial.

 

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