Los castigos de mi abuela.

Por cosas del destino fui hija de un par de estudiantes de San Marcos, que un domingo de ramos (de acuerdo al cálculo de mi fecha de nacimiento y de la fecha de ultima regla de mi madre) hicieron la travesura de su vida y salí yo! En un escándalo y epopeya parecida a la Guerra de las Galaxias unida al Planeta de los Simios sumada a una pelea en fiesta patronal con yunza, todo en uno… pero esa es otra historia.

A los 4 o quizá 5 anos me dejaron con  mi abuela paterna, quien es conocida porque hasta el día de hoy le temen sus vecinos, mis tías, mi abuelo, la esposa de mi abuelo, los nietos, los bisnietos y ha tenido un par de altercados con el man que lleva el cartel de STOP en las esquinas en Santa Rosa, California, EEUU, donde actualmente reside… pobre man del STOP, pero esa es otra historia.

Debido a mi historial de déficit de atención, niña hiperkinetica,  practicamente criada por los simios… ya que antes de vivir con esta abuela, viví con la mamá de mi mamá (Más conocida en otros relatos como Doña Bárbara) quien es algo así como un requiem al “Chaparral”, mi encuentro con mi abuela paterna fue literalmente el “Encuentro de Dos Mundos”.

Mi abuela no aguantaba pulgas así que cuando me dejaron ahí en su sala, de pie con mi mochila de los Pitufos, mi abuela exclamó: ¡ME BAÑAN A ESA NIÑA, LA DESPIOJAN, LE CORTAN LAS GARRAS O ESO QUE PARECEN UÑAS, Y LUEGO LA ABRAZO!

Tras 2 horas de someterme a tratamiento higiénico, mi abuela al fin me abrazo, diciéndome: “YA NO HUELES A POLLITO MUERTO” (¿y como demonios huele un pollito muerto?)

Me dejaron con ella, o a ella conmigo, y lo que más recuerdo son sus castigos, las tardes leyendo la biblia (si, yo leía la biblia y me quemaba las manos en el intento), las mañanas escuchando al Hermano Pablo (*), mientras me enseñaba el crochet, el bordado, y a como comer sin botar arroces fuera del plato.

Los castigos, eran al estilo de la abuela, quien fue bastante bien educada por la mamá Julia, su madre de quien adopto castigos dignos de todo miembro del SIN (Sistema Nacional de Inteligencia), del Pentagonito, del Grupo Colina, y otros…

Yo debía lavar mi plato cada día que botaba un arroz de mi plato, razón por la cual hasta el día de hoy sigo lavando mis platos (así de entrenada me dejo la abuela). Debía tender mi cama cada día, bañarme sola (“¡Por que aquí nadie te bañara hija mia!!! Agarra tu jabón!”, y no era jabón con aroma de bebe), peinarme y aparecer ante mi abuela con el calzón Mochita bien puesto y las medias cubanitas, para que mi abuela me escoja el outfit del día, que generalmente consistía en vestiditos aburridos… ella me enseno a usar “vestiditos” y hasta ahora los uso con esa denominación “vestiditos”.

Si no estaba lista a tiempo, 8 a.m., hora según la marina de guerra del Perú, me ganaba barrer la sala o trapearla dependiendo del tiempo que me haya demorado. Debía tomar la leche…aaaggg la leche…. Y lo hacia.

Porque mi padre me contó del día en que sus hermano le dieron la leche al perro para no tener que tomarla, y el perro maderfuckin no se la tomo. Entonces apareció mi abuela, recogió el plato del perro, hirvió la leche en el mismo plato plato de Firulais (una sartén vieja sin mango que fungía de plato) y les sirvió nuevamente la leche en sus respectivas tazas… así como lo oyen!

Mi papá, ese día, tomo la leche con un fideo, de la sopa de ayer, flotando. Así que advertida estaba yo. JAMAS DEJE LA LECHE ni confié en el perro, es más lo odiaba, tanto que un día casi lo mato de un infarto… pero esa es otra historia.

Luego del desayuno, tenia permiso de jugar hasta las 11 que pasaban al Hermano Pablo.

Pero yo siempre, curiosa, traviesa, inquieta, hasta el día de hoy, siempre encontraba diversiones no exploradas en casa. Subirme a la escalera, y lanzarme desde el 2do, 3ero, 4to escalón: era lo máximo! Era mi deporte extremo, claro que el día que la abuela me dijo: “SI TE CAES Y LLORAS, VAS A SABER LO QUE ES LLORAR“, yo me reí diciendo “No me caigo abuelita!”. Entonces me lancé del 5to escalón, caí mal y me golpee la cabeza: “tequeada” (para los no médicos: contusión en la cabeza. Para mi abuelita: Me caí de cerebro).

Me levante y dije: “No me dolió” y me fui caminando a llorar en silencio abrazada del gato. JAMÁS hubiera admitido que la abuela tenia razón.

Al día siguiente la abuela me decía: “No te lances del techo que te va a doler”, y yo le respondía: “Nooo, el montón de arena de abajo me recibe suave, abuela no te preocupes!!”. Salte unas 4 veces, sintiéndome lo máximo. Tras el almuerzo no note que mi abuela desapareció durante media hora para mojar la arena. Yo muy confiada me subí al techo y salte de nuevo: Y ME SAQUE LA MIERDA!. Entonces miré a mi abuela, mi abuela me miro, y créanlo o no, pude leer su mente diciéndome: SI LLORAS, TE PEGO. Así que me levante, baje del montón de arena y me puse a hacer “pastelitos” de arena que luego se comió el tarado de mi primo menor e hizo que me ganara 3 días sin televisión.

El castigo jamas fue físico, mi abuela era una maestra, tenia un PhD en maltrato psicológico, lavado de mente, infiltración de ideas, borrado de recuerdos y hasta algún día llegue a creer que era telequinetica. Así que el castigo mas común era: “VETE AL RINCÓN A MEDITAR LO QUE ACABAS DE HACER”, y se me fijaba un tiempo dependiendo de la severidad de la travesura.

¡Ese rincón! Ese rincón lo conocí como la palma de mi mano, tanto que cuando me mude, escribí en él (chiquitito con un lapicito): EL RINCÓN DE EMILIA MATISS. Pero mi abuela lo borro al día siguiente, y me llamo por teléfono y me mando a pararme en el rincón de mi nueva casa por escribir en las paredes de la suya.

Siempre miraba el rincón. El techo, el piso, mis uñas, y mi abuela gritaba a lo lejos: “¿ESTAS MEDITANDO?”. Yo gritaba del otro extremo: CLARO!!

Y seguía mirando al insecto que caminaba por mis pies.

Tan habitual se me hizo este castigo que el día que mi papá (el papá más responsable del mundo), me llevo a su día de practica en el Hospital Larco Herrera (una institución para enfermos mentales), y vi a un paciente apoyado en la esquina de una sala inmensa, le pregunté: “Aquí, quien castiga a los locos???”. (Si! lleve a su hija a un fin de semana inolvidable en el Larco Herrera!!! Mas divertido que Disney, más real que los estudios Universal! Mi padre irresponsable será motivo de muchas historias).

Cuando mi mamá llegaba a visitarme (pues ella trabajaba en otra ciudad) era común que me encontrará en el rincón, y cuando decía: “¿No vienes a abrazar a tu mamá?”; yo le respondía: “Me faltan 10 minutos y te abrazo mami, si me muevo me dan 10 más”. Mi madre decía: “¿Y no te indultan por que llego tu mama?”, y yo respondía: “Mamá, es mi castigo, me lo gane, y debo cumplirlo”. Tras esta última respuesta mi mama se quejaba del lavado de mente que me daba la abuela a diario y empezaba la pelea Mama de Emilia vs. Abuela de Emilia, que dejaba a Alien vs. Depredator, Freddy vs. Jason, Edith Piaff vs. Lady Gaga, Taylor Swift vs. Katy Perry: como peleas de jardín de niños.

Pero así me educaron en la casa de mi abuela paterna, a quien identifiqué siempre con Madame Bovary (por el drama innecesario en su vida). En su casa se comía todo o te enseñaba sus várices, donde bañabas al perro o te bañaban a ti con ropa y todo (y con manguera), donde si comías tierra te purgaban por tres días; y donde si le decías “abuela” te mandaba al rincón. Por esta última razón me la pasaba en el rincón TODOS LOS DÍAS.

Madame Bovary siempre quiso que le diga “mamá”, pero mi madre en una estocada maestra me habituó a decirle abuela, vengada mi madre, pero castigada yo para siempre.

 

Publicado por primera vez en Mis Notas de Facebook el 25 de Enero del 2011

 

(*) El Hermano Pablo, programa de predicas de los años 90. Programa evangélica. Pueden googlearlo.

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