Amor de una noche

En estos tiempos nadie, o casi nadie, quiere enamorarse. Creo que vivimos pensando o soñando con el momento en que llegue alguien que nos despierte de nuestras rutinas, de nuestras luchas diarias y de nuestras risas soliloquias; y nos conduzca a una compañia ENRIQUECEDORA. Pero cuando nos encontramos frente a “esa posible” persona siempre encontramos un “pero”, un “temor”, un “espera un momento”, un “pero le falta algo”, y sabemos darle una vuelta en retroceso a nuestra intención.

Es fácil reconocer a la chica bonita, inteligente, con un futuro profesional por delante y con un buen sentido del humor (ni que decir de buen genio y buena tolerancia a las bromas). también es fácil reconocer al chico que parece tímido, pero que realmente es muy coqueto, con un toque seductor, inteligente, bromista, con un trabajo estable y muy guapo. Ambos se reconocen y detectan una tensión sexual, y emocional, presente.

Ella recordará las experiencias pasadas, donde le rompieron el corazón y comparará que tanto se parece “él” a los “ellos-anteriores”, solo para medir que tan posible es arriesgarse nuevamente y los chances de terminar con el corazón dañado o feliz.

Él recordará las experiencias pasadas, como hacer para conquistarla, como funcionaron sus “técnicas” de conquista con otras mujeres (anteriores) y como podrían funcionar con “ella”. Recordará lo bien que la pasó con otras, y se preguntará si podrá pasarla así de bien con ella.

La forma en que recordamos las experiencias pasadas es diferente. Mientras las mujeres solemos acudir a nuestros recuerdos emocionales, dependiendo de cual nos haya marcado más (positivo o negativo), los hombres irán a sus recuerdos más físicos, más sexuales, más emocionantes. Es la forma en que recordamos y en que almacenamos recuerdos; además claro, la manera en que los vivimos. Mientras nosotras estamos analizando de 10 a 20 factores de UN solo momento; ELLOS están viviendo el momento sin pensar en tantos factores que condujeron a ESE momento.

Luego de unos días de interacción, en que lamentablemente ella recordará demasiados momentos tristes y de decepción, y en que él seguirá viendola como una chica “con la que podría pasarla bien”; ella decidirá que no entregará su corazón. Él ni siquiera ha pensando en esta última posibilidad, él solo ha pensado en si la pasaría bien con ella o no (y esta seguro de que sí) pues no tiene prisa en entregar el corazón, en este momento de su vida está ocupado pensando en otras prioridades y la idea de pasarla bien es más atractiva y predominante que la idea de “entregar amor”.

No es porque él sea malo. Es porque él no ha madurado a la misma velocidad que ella. Mientras ella esta buscando una compañía estable, un compañero y un amante para compartir su vida; él aun esta juntando experiencias y no esta dispuesto a ceder su independencia.

Luego de días de mensajes de Whatsapp (el Whatsapp ha innovado y también asesinado muchas formas de cortejo), y de charlas casuales; quedaran en salir una noche. Ella se pondrá muy guapa, después de todo hace mucho que no sale con nadie, y que mejor momento que ahora para maquillarse los ojos, cepillarse el cabello y usar tonos rojos en los labios. Él tambien se pondrá guapo, porque a pesar de que lo es, se siente inseguro y espera que ella le refuerce la autoestima.

Saldrán juntos, cenarán juntos, conversando y descubriendo que tienen mucho en común. Risas, sarcasmo, bromas y experiencias. Ella le dirá que es guapo, y que no entiende porque él debe dudar eso si es una verdad a todas luces que queda claro con solo mirarse al espejo. Él agradecerá en silencio esa sinceridad tan fresca, tan ausente de adornos y remilgos cariñosos, es la clase de halago sincero que más aprecia y se sentirá seguro con esa mujer que le dice: “No debes dudar de ti”.

Media hora después, parecen una pareja que tiene al menos unos meses juntos pues se toman de las manos y se acarician los dedos sobre la mesa en la que cenan, y lo hacen como si el otro no fuera a darse cuenta. Ella agradece mentalmente esos detalles, que aunque sabe que no entregará el corazón, harán de su noche un momento inolvidable.

Deciden ir más allá y vivir al ritmo que se viven ahora los amores, donde un beso es el solo el inicio, y van a un hotel y hacen el amor. Se hacen el amor con un largo previo apasionado, lleno de besos, mordidas, risas provocadas por errores como golpes accidentales o dificultades para retirar la correa del pantalón, se olvidan por ese momento si él tiene unos kilos de más o si ella tiene un cicatriz de una cirugía antigua, en ese momento ella se siente hermosa y el siente que no puede dejar de besarle ni un segundo (aún a costa de quedarse jadeante sin aire). Esa noche no interesa si él no es “el amor de la vida de ella”, o si “ella no querrá repetir esto nunca más con él”, solo importa que lo están pasando muy bien , que ríen, que sus labios convergen en besos perfectos que parecen haber sido diseñados para besarse unos a otros, y que el frío que hace es cómplice para desear más y más la cercanía de sus cuerpos.

Cuando se van del hotel, no conversan mucho. No es vergüenza, es la sensación de no querer quebrar el momento vivido con alguna palabra o frase inadecuada, o no querer insinuar un “¿volverá a pasar?” al otro, ya que ambos saben que no volverá a suceder. Él lo sabe porque ella se lo ha dicho. Ella lo sabe, porque él no es el hombre de su vida. No quieren interrumpir el silencio que los envuelve con palabras banales, y sólo se acarician lentamente y a lo distraído los dedos de las manos, sobre la palanca de cambios del auto. Él se despide de ella. Ella va a su casa.

Ha sido una noche encantadora, de esas de amores pasajeros y momentos espontáneos que llenan de vida la vida misma, que nos recuerdan que el corazón nos está latiendo.

Él sabe que no hay otra como ella. Ella sabe que él la olvidará. Pero esta noche sus corazones estuvieron más vivos que la noche anterior y sus cuerpos estuvieron mas tibios que en todo un mes de verano.

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