Una de Diez. Una historia de culpa y de como escapé de la casa de mi ex novio.

Creo que es ahora cuando en diferentes grupos de Facebook y de WhatsApp se habla abiertamente de #feminismo, agresiones, violencia de género, acoso callejero y autodefensa, en que puedo escribir una historia tan mía como la vergüenza y humillación que sentí en ese entonces.

diapositiva3.jpgTenía 17 años, y yo, Emilia había recientemente terminado “un noviazgo adolescente” con un chico al que llamare Pierre. Pierre tenía 18 años, e íbamos juntos a la misma academia para prepararnos para el ingreso a la universidad (él era un poco lento, por lo cual ya tenía dos años haciendo la “pre” cuando lo conocí).

Yo estaba, en ese entonces, muy enamorada cuando Pierre me dejó. No sé ni porque me dejó o no lo recuerdo, pero si recuerdo que, aunque me rompió el corazón, me seguía gustando. Era un chico muy guapo y que parecía muy tierno.

Un sábado por la noche, a las dos semanas que nuestra relación de “novios” había terminado se realizaba una fiesta en la casa de un chico Jesús. Jesús era el mejor amigo de Pierre, y a la vez era amigo de TODOS en la academia, así que todos estuvimos invitados. Decidí ir, pues estaba invitada y además tenía muchas amigas y amigos en la academia, contando además con que la novia de Jesús era una de mis mejores amigas en ese entonces, ella se llamaba Luna. Luna era una chica súper linda e inteligente y me pidió que vaya a la fiesta en la casa de Jesús para pasar tiempo juntas: “Mientras los chicos hacían cosas de chicos”, me dijo.

El día mencionado éramos alrededor de unas 40 personas en casa de Jesús. Música, cervezas (compradas por Jesús y sus amigos, que con 18 años ya eran mayores de edad), piqueos, y mucho baile. La fiesta empezó a eso de las 10 de la noche y para las 12 de la noche, se me acercó Pierre y me dijo:

  • Acompáñame a mi casa, es aquí a 7 casas, quiero recoger CDs de música porque ya hace rato estamos repitiendo las mismas canciones y la gente se está aburriendo.

Eran las doce de la noche, la casa quedaba bastante cerca, Pierre no parecía estar borracho ni alcoholizado en absoluto, mientras yo pensaba, apareció Luna.

  • Yo voy con ustedes, de paso los ayudo a escoger CDs! dijo Luna entre entusiasmada.
  • No, tú quédate conmigo – apareció de la nada Jesús, tomando de la cintura a su enamorada – además Pierre no se demorará tanto, y de paso me ayudas a animar a la gente para que nadie se vaya mientras traen los CDs.
  • Si, yo voy con Emilia, es acá a 7 casas nada más – reiteró Pierre.
  • Bueno, vamos, voy por mi casaca – dije.

Horas después, yo iba a recordar que cuando Jesús se acercó a tomar de la cintura a Luna pidiéndole que se quede y no nos acompañe, le guiño un ojo ojo a Pierre y este le devolvió el guiño.

Salimos de la fiesta y caminamos apurados, afuera hacia frio, claro eran las doce de la noche. Pierre me hablaba de las bromas y cosas que habían estado diciendo los chicos en la fiesta, simple cháchara de party. Mientras caminaba, yo iba pensando (estúpida yo) que quizá Pierre me había pedido que lo acompañará para pasar tiempo a solas conmigo, quizá quería tomarme la mano o quizá querría besarme.

Horas después me sentiría la más idiota del mundo por haber pensado eso.

La dichosa casa de Pierre, la cual en el tiempo que fuimos enamorados nunca conocí, quedaba no a 7 casas sino a dos cuadras. Cuando llegamos, Pierre abrió la puerta con su llave y desde la entrada me señalo la sala.

“Pasa”, me dijo

Desde la entrada, veía sus muebles, una mesa de centro hecha de vidrio y madera, un par de estantes que rodeaban los muebles que estaban llenos de adornos de porcelana, fotos familiares, y sobre un estante de metal se encontraba una radio inmensa con los CDs sobre ella.

“Mejor me quedo aquí”, pensé. Juro que lo pensé por 2 milésimas de segundo. Pero hacía frio, la sala estaba ahí a un paso de la entrada, y además en su casa estaban sus papás (¿Qué podía pasar, si estaban sus papás?).

Entre en la casa. Por lo cansada de bailar y caminar, me senté en uno de los muebles (en un sofá de 3 cuerpos) y fue ahí cuando vi que Pierre terminaba de dar la segunda vuelta al cerrojo de su casa (con llave), encerrándonos a ambos en esa casa.

Me paré de un salto y le dije, con una voz que no me sonó familiar: “Abre la puerta”.

El no me respondió. Se acercó a mí, y de pronto los 20 cm en altura que me llevaba (yo mido 1.54 y el medía 1.74 o más) se acrecentaron a 50 o 100 cm, él era delgado, pero de pronto lo vi grueso, fuerte y enorme. Me tomó por la cintura, e intento jalarme la casaca de dril que yo llevaba, intentaba ver mis senos por el escote de mi casaca y de mi polo, y como no tuvo éxito empezó a forzar más y más, jalando mi escote, arañando mis senos.

Yo lo empuje, le pedí que parara.

“Déjame, que te pasa! SUELTAME!”, le grite, mientras aceleradamente pensaba porque sus padres no venían al escucharme gritar. Fue entonces que entendí: No había nadie en su casa.

Intenté patearlo, pisarle los pies, pero mis piernas eran cortas y no tenía fuerza ni para patearle la rodilla y mis pisadas no le dolían al parecer o es que ni siquiera atinaba a encontrar sus pies. Grité, grité, y grité más cuando empezó a morderme o lamerme el cuello, fue entonces que recordé que le podía jalar el cabello. Entonces se lo jale, tan fuerte que me quedé con un mechón en la mano.

Él se alejó de mí, y con una cara horrible que jamás le había visto me dijo: QUE TIENES? NO TE VAS A DEJAR?

“ABRE LA PUERTA, DEJAME SALIR”, le dije. Le pedí. Le rogué.

Entonces él se sentó en el mueble que tenía más próximo y me dijo con total burla: Pídemelo bonito.

Entonces, estoy segura que algo se apoderó de mi cuerpo, yo sentí en ese momento que me iba a morir, que me iban a matar y que nadie iba a saber dónde encontrarme, miré a mi lado izquierdo y ahí estaban los adornos de porcelana y las fotos en sus marcos. No me quedo duda, tenía que romper todo. Y eso hice. Empecé a lanzar todos los adornos al suelo, mientras más cerca de sus pies mejor, los marcos de fotos los lance contra la pared, la bandeja con frutas falsas la hice trizas en el piso. Mientras lanzaba todo el mundo al piso, yo gritaba:

“DEJAME SALIR PEDAZO DE MIERDA, DEJAME SALIR, DEJAME SALIR! ABRE LA PUERTA, MIERDA” ABRE LA PUERTA! DAME LA LLAVE!”

El me decía que me calme, que yo era una loca, que siempre supo que estaba loca, que iba a pagar todo lo que estaba haciendo. Yo seguía rompiendo todo, había cosas como blocs de notas o libros que no se rompían, pero les saque las hojas y los lance al suelo mientras gritaba, y cuando pensé que se me había acabado todo, vi la mesa de centro, entonces la alce de una pata, la mesa quedó inclinada.

“QUE VAS A HACER!”, grito Pierre.

“VOY A ROMPER LA MESA, MAÑANA VAS A TENER QUE EXPLICARLE MUCHAS COSAS A TU MAMÁ, ABREME LA PUERTA!” – en ese momento pensé que a él le importaría más su mesa que yo. Esa mesa valía más que yo.

El en ese momento me pidió que me calmara. Se acercó a su puerta, puso la llave y le quito los dos seguros que había echado. “Listo”, me dijo.

“No, ábrela y déjala abierta. Aléjate de la puerta o te juro que te rompo la mesa”, le dije sin soltar la pata de la mesa. Esa mesa, seguía valiendo más que yo.

El riéndose, burlándose de mí, murmurando “estás loca”, me hizo caso. Abrió la puerta y se alejó unos 7 pasos. Conté mentalmente hasta 6, no sé porque hasta 6, solté la mesa y salí corriendo. Corrí, corrí y por la grandísima! Como corrí, pero no había corrido ni una cuadra, cuando me sentí mal. Quería vomitar, la calle se veía tan sola, tan oscura, tan peligrosamente sola. Entonces dejé de correr para empezar a caminar lo más rápido que podía. Pensé: “Me vomitaré encima, pero no voy a parar hasta encontrar un taxi”. Y seguí, con la sensación que me iba a caer o iba a vomitar, y seguí llorando. En eso me encontré con Luna, que iba en dirección contraria. Luna iba a darme alcance.

Me miró y casi se le salen los ojos de la sorpresa. Me pregunto que me había pasado, me dijo que se le había hecho rara la manera en que Pierre me saco de la fiesta, y más raro aun que Jesús no la dejaba darme alcance. Que había mandado a volar a Jesús, quien le seguía diciendo, cuando ella salió de la fiesta: “no vayas, ellos están bien”, cuando ella dejo la fiesta para ir a buscarme.

“Pero algo, no iba bien”, me dijo. “¿Que ha pasado?”.

No recuerdo si le conté, sino le conté, o si solamente le pedí que me embarque en un taxi. Tras unos 10 minutos de espera pasó un taxi, me subí, y 15 minutos después estaba en mi casa. Agradecí al cielo que mis padres estuvieran dormidos (mi papá hasta roncaba), y me metí a mi cuarto y de ahí al cuarto de baño donde me vi los arañones que tenía en el escote y el moretón que tenía en el cuello. Ese día lloré hasta las 5 de la mañana, hora en que decidí dejar de llorar porque si no mis padres verían mis ojeras y me preguntarían que paso.

Recuerdo que al lunes siguiente, fui a la academia y sentía como Pierre me miraba y se reía de mí. No sé si realmente se reía o no. Pero yo lo sentía, lo podía imaginar perfectamente diciéndome: “Que? No te vas a dejar?”. Afortunadamente no estábamos en el mismo salón sino hubiera sido insufrible, al menos podía quedarme en mi salón y evitar verlo.

Fueron semanas, meses que tuve que verlo, hasta que por cosas de la vida mis padres decidieron que debía estudiar en la ciudad, no en la provincia, así que me presenté a una universidad de ciudad e ingresé. Pero aun cuando estaba en la universidad, fueron años en los que cuando recordaba esto, pensaba:

“Realmente fui tan idiota como para pensar que el solamente quería darme un beso?”

“¿Por qué no vi que Jesús y Pierre se guiñaron el ojo cuando se despidieron?”

“¿Por qué decidí acompañarlo por unos putos CDs cuando yo ya no era su enamorada?”

“¿Por qué ese día lleve tacos tan altos, con los que apenas pude correr?”

“¿Por qué fui tan idiota, porque?”

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¿Por qué fui tan idiota? Fuente: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352006000100005

Pasaron meses y años. Durante esos años, conocí a un tipo que se hizo mi enamorado, a quien le confié esta experiencia, pero él me hizo sentir aún más culpable. “Tú lo provocaste con las ropas ajustadas que usas, los hombres reaccionamos a estímulos y tú le diste uno”, me dijo. Tiempo después entendería que él era un psicópata y que sus comentarios (y la relación en sí) me hicieron más daño que lo que trato de hacerme Pierre a los 17 años.

diapositiva21.jpgTuvo que pasar realmente MUCHO TIEMPO para darme cuenta que no fue mi culpa. Para aceptar lo que pasó como una experiencia aterradora, horrible, pero afortunada porque salí lo más indemne posible (¿Qué hubiera pasado si no atinaba a responder?). Tuve que leer mucho, escuchar las pocas canciones que hay sobre el tema y escuchar a otras mujeres y sus experiencias para entender que no me debía sentir estúpida. Tuvo que pasar mucho, mucho tiempo para dejar de tener miedo a encontrarme a Pierre en la calle y que se pudiera reir de mi o me pudiera decir “algo”; como si el simple hecho de decirme “algo” pudiera herirme. Me he sentido avergonzada, burlada, y aunque no tuve problemas para vivir una vida sexual “normal” (porque no sé a que le podriamos llamar normal en esta vasta variedad y preferencias individuales), pero si puedo confesar que en las noches cuando he de regresar sola a casa (luego del trabajo o luego de una fiesta) aun me siento particularmente ansiosa, y quizá en mis momentos mas suceptibles me apoye en relaciones que sentí podían “protegerme” solo para descubrir que me manipulaban y nadie me protegería más que yo misma.

Pero he aprendido, y aunque aún me pueda equivocar en muchas cosas algo en lo que no me puedo equivocar es en que:

En el 100% de los casos la VÍCTIMA nunca es CULPABLE de su AGRESIÓN o VIOLACIÓN.

Y si alguien te dice lo contrario: IGNÓRALO o MANDALO A LA MIERDA. Ambas opciones, son igualmente validas.

Años después….

Cuando estaba en 5to año de la carrera, me enteré que Jesús estudiaba para médico (en la provincia) y que había tenido un problema de salud o algo así, por lo cual se atrasó un año en sus estudios. Recuerdo que unos amigos de la academia me contactaron y me pidieron “un aporte económico”. Les dije: “Jesús no merece nada de mí, más que mi indiferencia”. Y me convertí en la chica odiada por todos ellos, perdí a los pocos amigos que me quedaron de la época de la academia. Jesús mejoró, termino la carrera, pero en todo este tiempo en que trabajamos en el mismo sector y territorio jamás se ha acercado a mí ni para saludarme (y eso que nos hemos cruzado un par de veces). Me gusta pensar que sabe lo que le diré.

Cuando estaba embarazada de mi hijo, unos 14 años luego de este incidente, se me acercó una chica que había estudiado conmigo en la academia, me dijo que “varios” chicos de la academia estaban juntando dinero para ayudar económicamente a Pierre. Apenas menciono su nombre me asuste y sentí que las manos se me helaron. Resulta que Pierre estaba presentando cuadros delusivos, conductas extrañas (como escaparse de casa, no querer comer o entrar en estados catatónicos). Todo apuntaba a una esquizofrenia, y su madre no quería llevarlo a un centro psiquiátrico. La chica que se me acerco, me pidió que yo, como profesional de salud fuera a su casa (ahora en la ciudad) a hablar con su madre y convencerla de que lo lleve al médico.

Metí mi mano al bolsillo, había un billete y se lo di, “es todo lo que puedo hacer, y no pienso acercarme a él o su familia”, le dije. La chica se fue medio contrariada. Pedí a una amiga (que era vecina de Pierre) que averiguará al respecto, y dos meses después me enteré que Pierre no tenía nada, que incluso estaba casado hace un par de años, y que la chica que fue a buscarme al trabajo era su prima (enviada por el) con el único fin de buscar que yo me acercara a él. Cambié mi número de celular, le avise a mi padre que tenía un stalker y en la clínica en la que trabajaba, avise que no volvieran a dejar a entrar a esa chica.

Tres años después, Pierre consiguió mi número de celular y me envió un mensaje de texto, el cual copio al final de este relato. Yo lo llame de otro teléfono, con el número bloqueado, y le dije:

“Se dónde vives, y ya no tengo 17 años, si me sigues buscando o mandando gente que me contacté por ti, te voy a denunciar en la policía, en la radio, en la televisión, te voy a hacer leña y no me voy a detener ahí, ahora si agarraré la mesa y te la reventaré en la cabeza”.

Hace más de un año que no he vuelto a saber de él.

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Mensaje que recibí hace más de un año

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