¿Qué me hizo bulímica?

Déjame contarte unas cosas sobre la bulimia…

No recuerdo bien si a los 11 años tenía ya el pensamiento de que “estaba gorda”, pero sí recuerdo que más o menos entre los 12 o los 13 empecé a vomitar luego de darme atracones de comida.

¿Me hice bulímica? Si. ¿En algún momento tuve el cuerpo esquelético, pese menos de 30 kg y llegue a desmayarme de hambre? Nunca. Así que no te confíes de esa imagen que los medios le han dado a las chicas bulímicas, que están entre modelo de pasarela y doble de película de zombies, totalmente esquelética, con los huesos de la cadera y la columna vertebral visibles. También estamos las que podemos mantener un peso entre “gordo” y normal.

Según libros y revistas médicas, LA BULIMIA NERVIOSA o bulimia es un desorden del comer, donde la persona afectada pasa por episodios de comer excesivamente (darse #atracones) y después, como una forma de compensación por todo lo ingerido, procede al vómito, a los enemas, al uso de laxantes o realiza ejercicio de forma compulsiva.

Se desarrolla durante la niñez o la adolescencia. Mejor dicho desde ese momento en que sientes que tu cuerpo no cumple “con las expectativas” para denominarse bonito, bello o atractivo. Somos las mujeres las más afectadas (en comparación a los hombres), ¿por qué? Quizá porque a nosotras nos valoran muchas veces más por la forma y proporción de nuestros cuerpos, que a los varones. A las mujeres nos enseñan a fijarnos en el tamaño de nuestras barrigas y el tamaño de nuestros pechos desde corta edad, y nos medimos por calificativos como: Linda, bella, guapa, hermosa.

Los varones  también son calificados como guapos, pero es más común decirles cosas como: valiente, campeón,  luchador, hábil, veloz. Así que es más difícil que un adolescente empiece a comer y a inducirse el vómito porque no puede ser veloz en un partido de fútbol, o porque no puede ser el campeón del equipo; probablemente atinará a ejercitar más y exigirse más físicamente. ¿Pero qué ejercicio tienes que hacer para ser más hermosa o bella o guapa?

La BULIMIA no te da de la noche a la mañana. No.

De la noche a la mañana no pasas de ser una chica que se siente bella, guapa, segura de sí, a pasar a comerte media olla de arroz y luego correr al baño a provocarte el vómito con el cepillo de dientes y aun así seguir viendo como tienes kilos y kilos demás en el cuerpo. No. La BULIMIA sabe donde anida. Cae sobre esas adolescentes (cada vez más niñas) que:

  • Carecen del control de sus impulsos: “Hagámoslo! (antes de pensar en las consecuencias)”, “Ok, no lo pienso llamar más (pero luego lo terminas llamando unas 10 veces más)”.
  • Baja tolerancia a la frustración: Cuando algo no te sale como querías que te saliera, ¿te deprimes? ¿lloras? ¿destruyes el cuarto? ¿le dejas de hablar a todos los que te rodean?
  • Tienen una baja autoestima: Creo que no tengo que explicarte en qué consiste tener una baja autoestima.
  • Tienen autoimagen negativa: Por más que 100 personas te digan que te ves BIEN, tu seguirás creyendo QUE NO ES ASÍ.

Así que ahí me tienes a mí, a los 12 años aproximadamente, con mi baja autoestima y convencida de que siempre me veía mal (sin importar lo que hiciera). Si se me ocurría usar minifalda, se veían mis piernas flacas y con cicatrices de las veces que me he caído; y si se me ocurría vestir de negro para adelgazar, solo conseguía acentuar mi tono de palidez y parecer Morticia Adams. También era impulsiva, siempre lanzándome a hacer algo antes de estar totalmente segura de si podría o si quiera si debería hacerlo. Y no hablemos de las veces en que las cosas no me salían como quería, pues no era de destruir mi cuarto pero si encerrarme en él a llorar recordando todo, absolutamente todo lo que no me salió bien en el año.

Si a eso le sumas la exigencia silenciosa de “Perfección” por parte de mis padres, pues yo tenía que tener las mejores notas, el cuaderno más ordenado, y esa frasecita de:

“A mí no me interesa si la nota más alta del salón fue 14, la nota más alta es 20 y tu no la has obtenido”, que siempre me decía mi mamá.

“Nadie vive de bailar, ni del arte, NADIE, pero las matemáticas si te pueden dar de comer!”, me dijo mi padre cuando le lleve mi premio a “Mejor bailarina”.

Muchas investigaciones dicen que las mujeres con bulimia provienen de ambientes familiares donde se les presionaba con “Perfección” y de alta exigencia.

Y si a todo eso lo condimentas con la imagen de Gwen Stefani, Las Spice Girls (regiazas todas!) y Britney Spears (con su abdomen plano y su ombligo perfecto), pues obtienes: UNA EMILIA BULIMICA, UNA MUJER BULIMICA.

Claro Gwen Stefani, ni ninguna de las otras tuvo la culpa de nacer con el cuerpo perfecto (si realmente nacieron así), pero el endiosamiento y el establecimiento de “sus cuerpos” como el cuerpo perfecto por los medios, fueron y seguirán siendo los culpables de otras nuevas bulimias.

Cuando yo tenía 12 años no había Facebook ni Instagram ni Twitter (y me siento vieja al decirlo), así que hoy en día el contacto mediático de adolescentes y pre-adolescentes es mayor. Ahora no se necesita ser Britney Spears para que endiosen tu cuerpo; basta que tengas 1.70 de estatura, peses unos 52 kilos, tengas medidas “perfectas” y un Instagram con 30 mil seguidores para volverte referente en “Proporciones Humana” y que muchas chicas (y quizá chicos) se obsesionen con alcanzar esa perfección sin importar a que deban llegar para lograrlo.

En la BULIMIA no solo vomitas. Incluso existen bulímicas que no vomitan, sino que se atiborran de comida y posterior a estos hacen una decatlón sin dormir ni beber ni comer hasta terminarla. No se “PURGAN” pero compensan el atracón de comida de otra manera.

¿Sabes cuándo tomé conciencia de que necesitaba TRATAR mi bulimia?

Fue bastante tarde. Fue cuando me convertí en madre y leí que te puedes morir por ser bulímica. Pero no te mueres de flaca, te mueres de complicaciones como deshidratación, ataques cardíacos, convulsiones o sangrados intestinales producto de los vómitos repetitivos. Si yo moría por intentar verme más bonita, ¿Quién iba a cuidar de mi hijo si yo era su único padre? En ese momento de mi vida ya tenía además otras enfermedades para tratar, como la ansiedad y la depresión, pero estaba segura que era la bulimia la que me haría morir un día luego de ingerir cuatro porciones de torta de chocolate y correr al baño a vomitar.

Mi tratamiento ha sido un proceso largo, aún sigo en el y se que seguiré en el quizá por toda mi vida. Pero ha valido la pena dejar de sentir que la ansiedad o la pena se me quita comiendo 3 tamales, o dejar de sentir que la comida es el consuelo a un día en que me fue muy mal. He dejado de envidiar otros cuerpos por ser perfectos, y he aprendido que cada cuerpo es ÚNICO y VALIOSO (incluso el mio). Desde hace un año puedo pararme desnuda frente al espejo y saber que no odio a mi cuerpo, porque aunque no se parezca al de Britney Spears en su vídeo de “I´m Slave for you”, es mi cuerpo y lo estoy cuidando.

Si has llegado al final de mi historia, ahora conoces más sobre la bulimia. Te aseguro que mi experiencia es real, y lo datos vertidos son datos médicos. Comparte este artículo, para que otros se enteren y puedan pedir ayuda.

 

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