La oscuridad y la “cosificación de la mujer” en los medios de comunicación.

¿Por qué las mujeres tenemos miedo de caminar solas durante la noche?

La oscuridad es un temor antiguo, digamos básico. El hombre antiguo no tenía mayor acceso a la iluminación que aquella brindada por la luz del sol; por tanto al ocultarse el sol, toda clase de criaturas (llámese animales rapaces, carnívoros, insectos venenosos, serpientes gigantescas) podrían venir a atacarlo, arañarlo, morderlo y/o devorarlo.

Cuando aparece el fuego, y muchísimos años después la luz artificial, este temor parece haber desaparecido.

Aún persiste, durante nuestra niñez, ese temor básico a la noche, a la oscuridad, y que en la oscuridad nos veamos  atacados por monstruos que habitan bajo la cama o en el ropero más cercano.

Que simple seria todo, si al igual que durante nuestra niñez, siendo adultos al encender una luz, se fueran todos los miedos, los monstruos de debajo de la cama desaparecieran y los que habitan en el ropero se mantuvieran a raya.

Pero en la adultez no es así. Si fuera así, las mujeres caminarian protegidas bajo una lámpara, y los agresores serían expertos en apagarla.

Es increíble y agotador; si, el día de hoy me siento agotada, sentir como desde niñas nos enseñan a tenerle miedo a la calle:

“No salgas sola de noche”

“Procura regresar a casa con un amigo, que te acompañen hasta la puerta”

“No camines por callejones oscuros”

Y si no nos enseñan a tenerle miedo a la calle (raro), aprendemos severamente cuando al salir a comprar el pan del desayuno, un vecino nos grita alguna obscenidad como: “Que buen par de tetas!”, “Que buen culo!”, “Mamacita, te acompaño?”, y menos mal que es a plena luz del día, porque de noche te gritan cosas peores como: “Ven, mamámelo!”, “Oye perra, escúchame!”, o simplemente se ponen al lado tuyo y empiezan a seguirte a donde sea que vas. Al lado de tu vecino o del chico que se para solo en la esquina de la cuadra o del acosador del barrio; el monstruo de debajo de la cama se parece el monstruo come-galletas de Plaza Sésamo.

Cuando tu cuerpo empieza a tomar una forma femenina, redonda y te descubres hermosa frente al espejo, no eres la única que te descubre hermosa, te descubren hermosa muchos enfermos que andan por la calle que no pueden guardarse su comentario para ellos mismos y TIENEN QUE DECIRTELO, y mientras mas atrevido y obsceno suene será MEJOR.

No es cuestión de halago. Aquellos que piensan que, decirnos “cosas” cuando caminamos por la calle, constituye un halago; deben ser descendientes de esos que pensaban que quemando a una mujer hacían el bien pues estaban quemando una bruja que mantenia relaciones sexuales con Satanas (Si, asi de ilógico, tirano, absurdo).

No es cuestión de halago, es cuestión de que el acosador se siente con EL PODER DE INVADIR MI ESPACIO SIN PERMISO, de HABLAR DE MI CUERPO, SIN MI CONSENTIMIENTO y de HUMILLARME EN PÚBLICO.

¿Humillarme?, Si. O creen que no nos damos cuenta que cuando están en grupo, y nos gritan alguna majadería, sueltan risas de satisfacción entre ustedes.

Eso se da en la calle. Pasas corriendo por esa calle, por ese callejón, por esa noche, llegas a tu casa y prendes la radio o la televisión para despejar toda la cochinada que se te ha quedado grabada en la mente, y ¿Qué encuentras?

Puedes encontrar un día domingo, entre las 8 am y las 11:30 am (si, un horario totalmente familiar), a un periodista yendo por las calles de Lima entrevistando a migrantes Venezolanas. Este periodista va con un centímetro, detiene a una chica (y esta le dice que es menor de edad, pero al periodista le llega altamente) y le toma las medidas del trasero y busto. ¿Porque? Porque eso somos las mujeres: trasero y tetas. No conforme con esto, el periodista, pasa a tomar las medidas a una y otra de estas chicas, todas migrantes venezolanas (ahora viviendo en Perú), y luego de tomarle las medidas del trasero a una, dice: “110 centímetros muchachos!!!”, poniendo la misma cara de enfermo, mañoso y obsceno que puso tu vecino cuando hoy pasaste en pantalón y polo, al lado de él, de camino a comprar el pan. La diferencia es que al periodista lo miran miles de miles de peruanos a traves de las cámaras, entre quienes miran, debe haber niños, adolescentes y jóvenes.

¿Te asqueo esto? Pues puedes encender la radio. Y sintonizar una conocida emisora peruana, y escuchar a un locutor radial (también periodista y comunicador social) decir:

“Flaco tranquilo, si la flaquita no quiere, la pepeas y ya está!”

“PEPEAR” implica darle un medicamento/bebida/droga a alguien para dormirlo a tal punto que no sienta nada, ni siquiera sienta que “su flaco” esta teniendo relaciones sexuales con ella (o el). El “pepeo” también sirve para robar casas, robar billeteras, robar autos y raptar personas; pero si vemos las cosas como “hacer algo y que nadie se entere”, el pepeo sirve para violar y que la persona agredida no te denuncie porque no se acordará de nada. Pero a un locutor radial le pareció adecuado lanzar este comentario al aire, en programa en vivo, en un país donde 7 de cada 10 mujeres ha sufrido algún tipo de agresión sexual.

Entonces apagadas también la radio.

Después de haber llegado “afortunadamente” salva y sana a tu casa, pasando por lo que tu vecino asqueroso considera un halago a tu apariencia física, y habiendo terminado tu agotador día de trabajo o estudio; tienes que además soportar esta clase de “noticias” o comentarios periodísticos, ¿como puedes decir que estamos avanzando?

¿Cómo puedes decirnos que las mujeres somos unas exageradas gordas feminazis por escandalizarnos con esta clase de programas televisivos y radiales? ¿Cómo puedes decirnos que no entendemos que no es acoso, que nos están halagando, y que deberíamos sentirnos agradecidas?

No, no puedes decirnos que exageramos.

Respeta

Si los medios de comunicación transmiten esta clase de basura, en la que recientemente he caído en cuenta, que podemos decirle al adolescente de 14 años que hace una semana me gritó en el parque del barrio donde vivo: “Mamacita, que buen culo!”. Como le digo que no me diga eso, porque esta mal y no puede hacerlo; si en la televisión y radio no somos mas que un objeto para conseguir rating, radioescuchandas y expectadores.

Si los medios de comunicación nos cosifican, y los medios de comunicación “comunican” esta cosificación, ¿Qué podemos pedirle al común de los hombres, que pasa horas diarias frente a la TV y horas escuchando radio?

Estamos fregadas. Y si esto sigue así, vamos a seguir teniendo miedo, aunque andemos con nuestra lampara de 1000 watts al lado.

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Declaraciones de locutor radial. Fuente: Perú 21.

Reportaje - Televisión
Reportaje sobre “la belleza venezolana”, que se dedicó a tomarles medidas de trasero y busto durante todo el reportaje. Transmitido en horario familiar. Fuente: Diario Correo.

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