El aborto de Lucía – II PARTE

2da parte

Tomamos lonche con sus padres. Comimos muy poco, con la excusa de que teníamos snacks y piqueos en nuestra pijamada. Aunque la verdad era que teníamos un nudo de terror en la garganta, con el que difícilmente podíamos tragar. 

Nos retiramos al cuarto de Lucía, donde ella se metió al baño y se tomó dos pastillas, y poniéndose en cuclillas se colocó dos pastillas intravaginalmente. Salió del baño y rápidamente se metió a su cama.

  • “Ahora supongo que ya no me puedo parar”- me dijo.
  • “Claro, se te podrían caer las pastillas”- le dije, y ambas reímos. Sería la última risa de la noche.

Y nos quedamos en su cama, mirando sin mirar un montón de programas en la televisión que tenía en su cuarto. 

Yo cada 30 minutos o menos le preguntaba si le dolía algo, pero ella siempre me respondía que no. Cuatro horas después me empezó a preocupar que las pastillas no le hicieran efecto pues la vi dormida a mi lado, y sin ninguna expresión de dolor o incomodidad. Yo también me adormecí y me quedé dormida.

No recuerdo cuanto tiempo después, pero aún estaba oscuro, Lucía me despertó con un pellizco en el brazo. “Me duele mucho” , me dijo susurrando. Entonces yo la destapé para ver si había sangre en la cama o en sus piernas, y no, no había. Todo estaba bien. Pero Lucía se retorcía de dolor en su cama y su sábana de Hello Kitty, su frente sudaba gotas frías, y estaba de lado abrazando sus piernas.

Ya no dormí en toda esa noche y madrugada; hablándole, contándole anécdotas estúpidas, diciéndole que no vaya a hacer ruido porque sus padres podrían alarmarse, que respire hondo y respire lentito. Trate por todos los medios de tranquilizarla. Ella se calmaba a momentos en que el dolor disminuía, y en otros momentos temblaba de dolor y hundía su cara en la almohada mientras abrazaba sus piernas. 

A las 5 a.m., Lucía sintió ganas de hacer pis, la ayudé a incorporarse y la llevé al baño.  Recuerdo que su pijama olía a sudor. Apenas se sentó en la taza del baño se puso pálida.

  • “¿Te duele mucho?”le pregunte.
  • “Siento que ALGO me está bajando”me dijo.

Y ambas nos quedamos mirando. Ella sentada en la taza del baño, yo sosteniendo sus manos. Sentí que pasaron horas, aunque en realidad fueron unos segundos extraños en los que acompañé a una amiga a “orinar”.

Luego de eso la acompañé a la cama, y se volvió a acostar. Se había colocado toallas higiénicas y no habría problema con el sangrado que le había empezado a bajar. Ya estaba amaneciendo y el dolor le había disminuido bastante.

Fue en ese momento en que noté que Lucía se veía extraña, más allá de cansada y sudorosa, se le veía como si estuviera extraviada en su propio cuarto, dejó de mirarme a los ojos y yo sólo podía hablarle de cualquier tontería que me viniera a la mente intentando que sus ojos recuperen un poco de la vivacidad que tenían cuando empezó la pijamada.

Recuerdo que Lucía sangró cerca de 7 días, y luego la hemorragia paró. Diez días después me dijo que quería sacarse una ecografía, necesitaba estar segura de que: “no tenía restos” y le pudiera causar una infección o lo que fuere. Descartando la posibilidad de ir a cualquier posta, donde seguramente le volverían a preguntar por el “papá del bebe” y a incitarla en contarle a sus padres; decidimos luego de pensar mucho viajar a una ciudad pequeña que quedaba a una hora de donde vivíamos. Quizás ahí, donde nadie nos conocía, podríamos pedir que le tomen una ecografía en cualquier lugar o cualquier clínica, haciéndonos pasar por chicas mayores y sin que pregunten por sus padres.

Recuerdo que calculamos tiempos, dinero, tiempo de retorno, y fue la primera vez en mi vida que salí de casa con el uniforme de colegio y llevando una muda de ropa en la mochila. Ese día ninguna de las dos llego al colegio: nos fuimos a una estación de buses, nos metimos al baño, nos cambiamos de ropa y nos subimos a un bus. Era una estación de buses clandestina, así que no nos pedían identificación (que nos acredite como mayores de edad), además que al ser un tramo corto, era continuamente recorrido por universitarios y chicos en edad escolar, así que no nos verían como extrañas. Nuevamente pensé en que afortunadamente teníamos dinero. Dinero para pagarnos esos pasajes, para pasar desapercibidas, y aunque era un bus clandestino, no era el peor servicio. Realmente había uno peor donde cobraban más barato, pero por la ruta que hacía, era constantemente asaltado o sufría problemas en la carretera, demorando el viaje.

Llegamos a la otra ciudad en el tiempo esperado, bajamos en la estación de buses y nos dirigimos a pie a la calle que habíamos encontrado en los anuncios de un periódico local, donde hacían ecografías ginecológicas. El precio era alto, costaba algo de 100 soles (unos 25 dólares), pero precisamente por ser alto pensamos que no harían muchas preguntas y tampoco nos pedirían presentar una orden. No nos equivocamos: llegamos y yo hablé con la secretaria y le dije que mi amiga quería hacerse una ecografía. Le preguntó que síntomas tenía.

“Tengo mucho dolor cuando menstrúo, y me han dicho que puede ser un quiste. Tenía una orden médica pero la perdí. Pero tengo el dinero para pagar la ecografía” dijo Lucía.

Ya no le preguntó nada. Recibió el dinero, apuntó su nombre y su edad falsa en el cuaderno. Esperamos una hora a que llegará el médico que hacía el procedimiento. Cuando llego, no me dejaron entrar a la sala de procedimientos con Lucía. La esperé durante media hora, tras la cual ella salió y salimos juntas de esa clínica. Caminamos un par de cuadras en las que no me dijo nada, y al rato entramos a una tienda donde compramos cualquier cosa de comer y pudimos hablar.

La ecografía había salido bien. No había restos de sangrado, y todo estaba en orden. Lucía me dijo: “todo esta tan normal y tan bien que no lo puedo creer. No puedo creer que esto haya acabado”. Y era verdad, había acabado. Calculamos el tiempo y regresamos a nuestra ciudad con el tiempo exacto para ponernos los uniformes de colegio y regresar a nuestras casas simulando el camino que tomaríamos en un día cualquiera.

“El problema de Lucía” había terminado. Pero empezaba el mío.

La amiga que había sustraído las pastillas de la farmacia de su tío les comentó a otras chicas del salón sobre mi “pedido de pastillas”; y como todas – por una cuestión de cultura urbana – sabían para qué servían aquellos medicamentos, empezaron los rumores de que yo me había realizado un aborto.

Los rumores pasaron a ser comentarios, y los mismos llegaron a oídos de algunas de mis profesoras. La tutora del grado me llamo un día a su oficina y frontalmente me preguntó si estaba yo embarazada, y me dijo:

  • “Si estas embarazada, no puedes continuar en este colegio”.

La tutora no estaba preocupada por tener una incidencia de embarazo adolescente, ni estaba preocupada por mi salud reproductiva ni por ningún aspecto de mi salud, lo que le importaba era que si era verdad el rumor yo no podía seguir en aquel “digno” colegio.

  • “Ocupo el 4to lugar en rendimiento académico en mi salón, y mis padres pagan puntualmente las mensualidades” – le dije.
  • “Aun así, debes responderme si estás o no embarazada, los rumores entre tus amigas son muy fuertes”.

Realmente tuve ganas de pegarle a la tutora. No sólo quería pegarle por amenazarme sin ningún motivo, sino por dejarse llevar por “rumores” de chicas de 16 años y someterme a esa clase de vergüenza.

  • “No, no estoy embarazada. Puede llamar a mis padres si quiere. Estoy segura que mi papá vendrá gustoso, dejando de atender a sus clientes (y perdiendo dinero) para escuchar lo que tenga que decirle”.

No se dijo más. A las profesoras de la escuela les gustaba atormentar a las chicas del colegio pero no a los padres que pagaban puntualmente la pensión de la escuela. 

Tuve que soportar rumores, chismes y uno que otro comentario indiscreto entre mis compañeras de salón por todos los meses que faltaban para terminar el grado (“Emilia está gorda, porque abortar engorda!”); pero para esas alturas de mi vida de adolescente, ya había soportado cosas peores.


EL ABORTO

En Latinoamérica la mortalidad materna está asociada a la presentación de hemorragias durante o después del parto, y la segunda causa de mortalidad son las infecciones. Sí, en América Latina siguen muriendo mujeres a causa de sepsis producidas durante el curso de un embarazo, las cuales están íntimamente asociadas a la no disponibilidad de un aborto seguro y en condiciones salubres.

La población con menor desarrollo socioeconómico, menor acceso a servicios de salud y menor educación (de mujeres) enfrenta mayores índices de mortalidad que aquellas poblaciones “con mayor desarrollo”.

Lucía terminó la secundaria, ingresó a la universidad y con el tiempo se convirtió en abogada. Es una abogada muy exitosa de hecho.

Yo me convertí en profesional de la salud. Y me tocó ver a otras chicas que, habiendo tenido embarazos no deseados, no habían contado con el dinero (sí, el cochino dinero) para acudir a un aborto seguro y fueron a la “comadrona” del barrio.

Las “técnicas” – si es que se pueden llamar así – para realizar un aborto clandestino distan mucho de lo que Lucía y yo hicimos. “Las cosas” que se hacen en un aborto clandestino nos harían lucir a nosotras (chicas de 16 años fingiendo una pijamada) como expertas. He visto señoras y señoritas llegar al hospital desangrándose debido a una perforación uterina ocasionada por la inserción de objetos metálicos por el orificio uterino, y las he visto llegar pálidas o con un tinte amarillo en la piel debido a la falla hepática que ya presentan, asociada a la septicemia (infección generalizada) la cual empezó con una infección en el útero que no fue tratada a tiempo.

Las mujeres que se realizan estos procedimientos nunca denuncian ni hablan del lugar o la persona que se los realizó, se sienten igual de “criminales” por haberse practicado un aborto y prefieren callar llevando la carga moral que esto implica, y permitiendo de manera indirecta que estos abortos clandestinos sigan realizándose.

En mi país el aborto no es legal. Se supone que existe un aborto terapéutico, en caso la salud de la madre corra peligro que sí puede realizarse, pero no tiene un protocolo establecido; y aún hay denuncias de clínicas privadas y hospitales que se niegan a iniciar el procedimiento a solicitud de la madre (Si, en pleno siglo XXI).

En mi país, las chicas menores de edad no pueden ser atendidas en los centros de salud sin la presencia de un tutor o adulto responsable. ¿A quién vas a llevar contigo para que te acompañe a escuchar cómo debes utilizar un preservativo o la píldora? ¿A tu mamá? ¿A tu tía? Si tienes suerte, quizás tengas una hermana mayor que no te juzgue y sea mayor de edad y te acompañe; pero si no tienes suerte, tu educación sexual provendrá de lo que conversen tus amigas en el colegio contigo.

En mi país hay grupos religiosos que presionan al gobierno para prohibir la distribución de la píldora del día siguiente en caso de violación. Por tanto, si te violan y vas a un establecimiento de salud del Gobierno, no te la podrán administrar. Entonces, ¿qué alternativas tienes?

En mi país, si tienes el dinero, te puedes realizar un aborto seguro y discreto, por el costo de 800 a 1500 nuevos soles (entre 200 a 400 dólares, tener en consideración que el sueldo mínimo vital en mi pais es algo de 120 dolares al mes). Pero si eres pobre: te haces un aborto inseguro y te mueres, o te haces un aborto inseguro y te quedas sin la capacidad de tener hijos. Si decides tener al bebe, en el mejor de los casos tendrás el apoyo de tu familia y podrás criarlo bien y continuar tus estudios; pero como las estadisticas lo indican: las madres adolescentes abandonan los estudios y tienen una pésima calidad de vida.

Lucía y yo nunca más hemos hablado del tema. No por vergüenza, ni por miedo.

Yo he visto mucho dolor, vergüenza, miedo e impotencia en las familias de aquellas mujeres que ingresan al hospital por una complicación de un aborto clandestino (realizado en las peores condiciones), asi que cuando estoy cerca a mis amigas o familia lo último que quiero es hablar de más pacientes.

En mi país, era PROBABLE, que el novio de Lucía fuera a la carcel por mantener relaciones con una menor. Pero era mucho más probable y hasta CERTERO que Lucía sería juzgada por la sociedad el resto de su vida de salir a la luz que ella se había practicado un aborto. Si al realizarse el aborto, ella hubiera sido mayor de edad entonces sí le habrían presentado cargos de forma legal.

“Afortunadamente” teníamos dinero, tuvimos suerte de conocer la dosis correcta de las pastillas, suerte de tener una amiga con un tio boticario, suerte de que Lucía no se desangro ni se infectó, suerte de que todo salió como lo planeamos y mucha más suerte de que nuestros padres no se enteraron.

Lo que quedo del año, todo el salón creyó que la del aborto era yo, pues yo compré las pastillas, y gracias a eso todas me señalaron, ningún chico me invito a salir en mi ciudad por cerca de 10 años; y cuando 10 años después un chico de mi ciudad me invito a salir, una de las primeras preguntas que me hizo en la primera cita fue: “¿es cierto que abortaste?”

 

Referencias

http://www.who.int/pmnch/activities/sintesis_situacionmortalidad_en_alc.pdf

12 comentarios sobre “El aborto de Lucía – II PARTE

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  1. Hola Emilia, me gustó mucho tu post. Recordé como hace años estuve en las dos situaciones… acompañando una amiga y también interrumpiendo mi embarazo voluntariamente. En mi país, el aborto es permitido en tres situaciones: Cuando el embarazo pone en peligro la salud —física o mental— de la mujer, o su vida, cuando el embarazo es resultado de una violación o de incesto o cuando hay malformaciones del feto que son incompatibles con la vida por fuera del útero.

    Ni el caso de mi amiga ni el mio cabían dentro de estas tres circunstancias, eramos jóvenes y estábamos en la universidad y no nos veíamos en el rol de madres en ese momento. Afortunadamente, llegó a nuestras manos información de una ONG más o menos clandestina donde podíamos ir y tener ayuda. Efectivamente, gracias a esta institución pudimos tener acompañamiento en la toma de la decisión y en el procedimiento en si. En mi caso sólo fueron necesarias las pastillas, pero a mi amiga si le hicieron un procedimiento quirúrgico bien asistido, en una clínica con el personal e infraestructura aptas para el procedimiento. La organización también presta apoyo psicológico en caso de necesitarse, en nuestro caso, estábamos muy seguras de la decisión así que no hicimos uso de éste servicio.

    Hoy en día, las dos estamos casadas y tenemos hijos hermosos que planificamos y recibimos con mucho amor en nuestras vidas. Si bien es una decisión difícil que tuvimos y pudimos tomar, nos ayudó completamente poder contar con esta ONG y claro también con el vil dinero para que todo saliera como esperábamos.

    Ojalá en nuestros países se inviertan más recursos en la prevención de los embarazos no deseados, también en nuestras casas tratando con nuestros hijos estos temas sin tapujos y yo por lo menos, reforzaré y acompañaré a los míos la toma de decisiones autónomas especialmente en los eventos que radicalmente pueden cambiar su vida.

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    1. Hola Juliana.
      Es cierto, se necesita invertir en recursos para la prevención en embarazos no deseados, verdadera educación en sexualidad y que las adolescentes puedan acceder a estos servicios. Los abortos clandestinos son un riesgo, un terrible riesgo para la salud. Gracias por tu comentario, tan sincero y a la vez tan de soporte para con otros casos similares al de Lucía. Cada una tiene su motivo para pasar por esto, el motivo no debe ser juzgado, sino que se debe apoyar a la mujer en pasar por esta situación de manera segura como lo pasaron tu y y tu amiga. Un abrazo en sororidad para ti, mil gracias por leerme.

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  2. Lindo relato…. nos falta crecer mucho como sociedad, el dominio de la doble moral es inexplicable, lo único que hace es demigrar mas cada día al ser humano… nuestra mala gestión en salud nos permite vacíos en atenciones básicas y preventivas, haciendo que la salud en forma privada sea un “excelente” negocio…. esperemos y deseemos que esto en algun mmebto cambie…

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  3. Me gusto mucho tu post. Muy bueno para reflexionar. Yo en mi caso personal soy pro-vida. A los 38 años cuando logre salir embarazada y estaba tomando antiepilepticos de amplio espectro mi pareja me pidio un aborto. Yo me negue. Tal vez con tanta informacion que tengo y siendo una mujer que puedo defenderme no me preocupaba las condiciones en que viniera. Solo me importara que viniera y me diera la dicha de ser madre. Y lo fui por una estancia de tres dias. En mi pais (Venezuela) las niñas salen embarazadas y los abuelos tienen que criar los nietos. Te imaginaras esa constelacion familiar. En mi pais es tabu hablar de sexo y de preservativos. En mi pais esta prohibido el aborto. En mi pais se le paga a las niñas por ser madres fomentado una cultura de analfabetas y de incultura. En mi pais no se fomenta la autoestima personal. En mi pais no se fomenta la lectura y el amor por tus ancentros. Pero en mi pais hay algo que si tenemos fe en que TODO va a cambiar.

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    1. Hola. La idea es esa, reflexionar, pensar en las diferentes ópticas y ángulos que hay de un mismo hecho. Lo importante en todo país es educar, porque si no educas, todo se convierte en un círculo vicioso que se repite una y otra vez y no da opción al cambio. Es bueno y positivo tener fe de que las cosas van a cambiar, en Perú también tenemos fe en ello, pero también hay que ser parte del cambio. Gracias por leerme

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  4. Emilia, yo tambien, limeña, te escribo desde el fondo de mi corazón. No he podido contener las lágrimas leyendo toda tu historia, Primero por la calidad de persona y amiga que demostraste ser con Lucía. Segundo por tanto cariño, la empatía, coraje, valentía y la fortaleza ya que no todos contamos con amigos así. Tercero por abrirte y contar esta historia porque entiendo lo difícil que debe ser.
    No puedo contener ni expresar en toda amplitud lo que siento en estos momentos pero si que comparto la impotencia de vivir en un país que no le hace nombre al siglo 21, donde un aborto seguro, profesional, empático e imparcial debería ser la norma así como la facilidad de acceso a información sexual para menores.
    Yendo una vez a INPPARES leí un cartel publicitario sobre charlas gratuitas sobre sexualidad y prevención para todas las edades, pero mas allá de eso no he encontrado mucho.
    Ahora yo, ya siendo una mujer adulta, no creo que en caso de haber tenido un embarazo no deseado hubiese manejado las cosas tan bien como ustedes lo hicieron cuando estaba en el colegio, solo Dios sabe donde hubiese acabado! Siempre estaré agradecida con mi madre por haberme educado sexualmente desde pequeña sobre los métodos anticonceptivos y a respetarme, cuidarme, no juzgarme y vivir una sexualidad segura, pero sé que no todas cuentan con la misma suerte, por eso y para que no hayan mas mujeres sufriendo y con miedo me sumo a la lucha!

    Un abrazo infinito!

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    1. Gracias!!!!!!!!!!!!!!! Gracias por unirte a la lucha!!!!! Todas aportamos desde donde estamos. Me han emocionado tus palabras Maria, gracias muchas gracias por leer y comentar. Venga vamos a hacer un mundo mejor para las mujeres que vendrán (y para los hombres también)

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  5. Querida, me ha encantado tu post! Eso que hiciste es acompañamiento empatico y sin prejuicios. Me encanta que te atrevas a escribirlo porque nos sirve para motivarnos más a las que ahora nos dedicamos a acompañar. El aborto sigue siendo muy estigmatizado en todo el mundo, en América Latina más. Yo vivo en Mexico donde solo en la capital se puede realizar un aborto despenalizado. Imagino que las condiciones en tu país son adversas. Me llena de fe tu post y te pido por favor mantenernos en contacto mi fb: nadiushka85
    Mi correo: nadia_guerra@hotmail.com

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    1. Hola, Nadia, en primer lugar, gracias por leerme y por ayudarme a reconocer con dos palabras tan bonitas, unas acciones que realicé. Empatia y no-prejuiciar suena bonito, deberiamos todos poder tener la capacidad de acompañar a otras personas en situaciones similares. En mi pais, si, el aborto es penado, solo hace un par de año lo permiten en caso la salud de la madre corra peligro, pero ya ha habido casos que aun asi, los hospitales y medicos se han negado a realizarlo; realmente una fea realidad. Te mandare un email, sigueme en facebook siempre comparto contenido feminista, materno, de cuidado femenino, y mi email es notthatpinky@gmail.com. Un abrazo.

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