Madre, nunca dejes de ser MUJER. 

He trabajado un turno de 12 horas, de 8 de la mañana a 8 de la noche, estoy agotada no sólo físicamente sino emocionalmente. En mi labor tengo que conversar con personas que están, en la mayoría de los casos, en estado alterado. Sus familiares están enfermos o acaban de fallecer y están tristes, molestos, enojados y muchas veces descargan estos sentimientos con la primera persona que pueden. No los culpo, pero es agotador.

Llego a casa, y me encuentro con un hermoso niño de 4 años que me lleva de la mano a su “cuarto de actividades” como él mismo lo denominó desde los 3 años, y encuentro esto:

Un Humpty Dumpty decapitado, los legos tirados por todos lados, las claras muestras de una lucha encarnizada de Plantas vs. Zombies, escritura fenicia en la pizarra y también en la pared, y además estoy segura que en la mañana que partí a trabajar había más piezas del piso protector (con motivo de animales) y ahora creo que faltan dos.

Mi día no ha terminado, aún me falta mi parte del día como mamá, al menos por una hora más para que el bebe no se acueste muy tarde.

Ser mamá, trabajar y ser mujer; todo a la vez es difícil. Cuando hace años soñaba con ser mamá, ya había pensando en lo difícil que sería mantener mi vida profesional y mi horario de madre, pero no pensé en que también tenía que seguir siendo mujer. 

Pensé en mis horarios de trabajo, como tendría que distribuirlos, como cambiaría (y frenaría) mi ritmo de trabajo, porque lamentablemente así tenía que ser pues quiero tener tiempo de llegar a casa a jugar y acostar a mi hijo (al menos) y mis fines de semana pasarlos con él. Pensé en las cosas que le enseñaría como mamá, en los libros que le leería, los lugares que conoceríamos juntos, creo que planee hasta de que manera iniciaría la ingesta de alimentos más sólidos a los 6 meses.

Pero no pensé en que también iba a necesitar tiempo para hacerme la manicure, la pedicure y para cortarme el cabello. Que iba a necesitar tiempo para salir con mis amigas a tomar un daiquiri de piña, o que iba a seguir siendo fan de las películas de Marvel y querría seguir yendo a sus estrenos. Tampoco había tomado en cuenta que podía volver a fijarme en un chico (bueno ya, un hombre) y querría salir con él al cine, o a bailar, o simplemente a tomar una cerveza y conversar. Jamás tampoco pensé que se me iba a despertar el espíritu feminista, y que iba a querer ir a marchas, ser parte activa de la lucha por la igualdad de derechos de las Mujeres de mi país, hasta terminar metida en un par de proyectos como mentora y dos proyectos de redacción de crónicas femeninas. Todo esto significa, para mi, “ser mujer” y fue precisamente en estas cosas en las que no pensé y que también extrañaría al convertirme en madre. Pero si, lo extrañaba, o al menos empecé a extrañarlo después de que mi hijo cumplió 1 año de edad.

Al inicio tuve miedo de retomar el contacto social de “mujer soltera”, el solo hecho de agendar tiempo para ir a la peluquería o al spa me parecía banal y me sentía fatal pensando en las horas en que estaba dejando a mi hijo solo. Aunque realmente nunca jamás lo deje solo, siempre se quedaba con su nana o mi mamá. Cuando por fin pude volver a salir a comer una pizza y una copa de vino con un grupo de amigos, recuerdo que no dejaba de mandar mensajes de celular a mis padres preguntando si mi hijo estaba vivo (así de exagerada) y pedía que me manden fotos (pruebas! Quería pruebas!).

Lo peor fue darme cuenta que había un chico del trabajo que me había empezado a gustar, y que de pronto sus mensajes a través de WhatsApp captaban demasiado mi atención y me robaban sonrisas tontas (Que mal me sentía! Dejar de mirar a mi hijo por 20 segundos para mirar mi celular!). Al sentir que mi corazón me empujaba a querer salir con él con frecuencia, así como a llamarlo por teléfono, hice lo que creí correcto: lo saque de mi vida, del WhatsApp, de Facebook y de los contactos telefónicos. Sentí culpa, ¿pero culpa de qué? ¿Culpa de sentir?

Cuando me convertí en madre no deje de ser una profesional, no se me borraron los estudios universitarios ni los posgrados, ni la capacidad de trabajar con personas. De esa misma manera, al convertirme en madre no había dejado de ser MUJER y sentir lo que siente cualquier mujer.

Poco a poco y con ayuda (de amigos, amigas) pude unir, sintetizar, hilar, esas partes de mi y que toda YO vuelva a ser una verdadera YO, no un ser fraccionado. Ser madre, es una forma de expresión de lo que significa ser mujer (y no es al revés). Por eso la maternidad es electiva.

No fue fácil volver a ser una YO-NO-FRACCIONADA, tuve que lidiar con estereotipos, con gente que me juzgó, me tildo de “mala madre” por irme una noche de fiesta con mis amigas, me llamaron “superficial” por dedicar tiempo para mi arreglo personal, y hasta tuve que vérmelas con algún familiar que metió su nariz en su vida solo para preguntarme: “¿acaso te aburre tu hijo?”  

Fue difícil si. ¿Fue jodido?, también. Más difícil que dejar de sentir un pánico atroz al dejar a mi bebe de 3 años con mis padres, y salir a tomar un café con una amiga; más difícil que todo eso fue tener que APRENDER a ignorar la opinión de la gente. Pero al final, lo logras.

Si estás pensando convertirte en madre, si estás embarazada, o ya eres madre; recuerda que jamás dejaras de ser mujer. Y tener tiempo para ti, para seguir realizándote, seguir soñando, seguir luchando y seguir enamorada de la vida. Olvídate de lo que la gente pueda pensar de ti o de lo que haces. Recuerda que estás educando a una persona, y parte de lo que estás enseñando es que todos tenemos derecho a la INDIVIDUALIDAD, al espacio personal y a disfrutar de las cosas que nos gustan (así sean 10 minutos de lectura en silencio).

Mi hijo crece hermoso, individualista, travieso (aunque todos me dicen que es un niño tranquilo), y preguntón. La vez pasada me vio leyendo uno de mis tantos libros arrumados en casa y me dijo: “Cuando sea grande yo también voy a tomar café y leer esos libros gordos como tú”. Sé que no debemos desear que los hijos nos imiten, pero me emocionó demasiado!

Mi hijo está viendo a una mujer independiente, que al estilo mujer multitasking intenta cumplir con todas sus tareas (las de casa, las del trabajo, las de la maestría en la que me he metido y redactar crónicas) y que siempre tiene cariño para darle, amor entero para él. Quizá no le sepa cocinar su plato de canelones favorito (la verdad si sé, pero nunca tengo tiempo), pero si sé dibujarle el Sistema Planetario y contarle mil y un historias donde él es el personaje principal, el héroe.

Si eres mamá, te recomiendo que hagas un horario (así como los horarios del colegio, con cuadros y colores por materia y actividad), ponte al menos una hora al día para ti (para ti, no para escucharle los problemas a la vecina ni para hacer las tareas de la maestría, ni para meter la ropa planchada al cajón), apóyate en tu familia o tu esposo y hazlo. Si no quieres ser mamá, no lo seas.

Ya eres mujer, y la mujer para realizarse tiene una diversidad de caminos (la maternidad es solo un aspecto, no una realización en si).

Bueno ahora me voy a ordenar el desorden de mi pequeño, y como ya está dormido, tomaré una hora o dos para leer a Stephen King y sentir un poquito de miedo antes de dormir.

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Categorías:Feminismo

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