Cuando supe que había decepcionado a mi mamá

A los 33 años descubrí que mi mamá se sentía decepcionada de mí, que yo  no había logrado cumplir sus expectativas. Hasta ese momento creí haber conocido las expectativas de mi madre, y pues no, no las conocía.

La primaria y la secundaria, fui alumna destacada; quizá fuí más destacada en la primaria, ya que en la secundaria pasé por mis fases de adolescente conflictiva pero que difícilmente hicieron gran mella en mis calificaciones. La universidad se me hizo muy dura y difícil, había decidido estudiar medicina y en una de las Universidades más prestigiosas y rudas de mi país, de esas que hacen de todo por desaprobarte y te malean a martillazos y al calor del fuego. Salí y me puse a trabajar, agarré una maestría, y luego un par de diplomados, me convertí en madre soltera por decisión propia. El día que comuniqué a mi madre de mi estado de gestante, recuerdo que la ví triste, un poco incrédula, pero no más de eso. De por sí mi relación con mi madre nunca ha sido pues de “serie de televisión de Disney”, siempre hemos estado en conflicto continuo, pero yo siempre estuve segura que ella estaba orgullosa de mi por mis logros académicos.

Mi madre era la única de sus 10 hermanos que había ido y terminado una carrera universitaria, había hecho una maestría, además de un doctorado. Había ocupado importantes cargos en su profesión, era además una docente admirada y siempre elogiada. La vida no se le había hecho fácil jamás, pues siempre vivió con estrechez económica y premuras de quien tuvo que ser madre siendo estudiante universitaria. Sí, yo llegué al mundo antes que ella terminara la carrera, pero eso no fue impedimento para que mi madre se gradúe de la mejor universidad del país, y con honores. Tampoco fue impedimento para que mi padre haga lo mismo, en su Facultad, casi al mismo tiempo, y juntos se forjaron un excelente presente.

Mis padres eran estándares demasiados altos de alcanzar, siquiera igualar y ni pensar en superar; para mí, una chica que gracias a ellos y su esfuerzo nunca había tenido que padecer hambre, ni había tenido que vender su sangre a cambio de tarros de leche (otra historia, algún día tendré el valor de escribirla).

Debido a unos neurotransmisores erróneos en mi cerebro, la cantidad de tareas y labores que me encomendé yo sola, y otras cosas más; terminé desde los 32 años en el consultorio de la Psiquiatra. Lo cual es sano, es sano ir a la psiquiatra.

En una de las sesiones me aconsejó llevar a mi madre, ya que necesitaba conversar con ella, sobre unos puntos de mi niñez, y unas cosas sobre mi conducta en casa. Así que a la siguiente cita la llevé.

Recuerdo que se habló de muchas cosas en esa sesión, mi madre y yo somos habladoras por genética. La doctora le preguntó a mi mamá si ¿sentía que yo había hecho algo malo? O si ¿sentía que me faltaba hacer algo? Si, ¿hay algo que le preocupe acerca de mí? Y ni apenas estaba formulada la pregunta, mi madre rompió en llanto. Mi madre llora siempre, es una persona sensible, pero ese era su llanto de “dolor” que yo había oído tantas veces, unos 15 años atrás, cuando lloraba porque mi padre le había fallado y lloraba así hasta quedarse dormida. Lloró y entre sollozos dijo, dijo algo que yo no podré olvidar nunca:

“Yo siempre quise que ella fuera diferente a mí. Yo siempre quise que ella se casara de blanco, que de blanco entrara a la Iglesia, se casara e hiciera una familia. A su hijo lo amo, pero ese niño no tiene padre, ¿entiende? Se imagina el dolor de ese niño cuando comprenda que no tiene padre! Y ella! A ella no le importa! No le importaron mis sueños, yo quería y siempre soñé con que se casara”

La psiquiatra calmó a mi mamá, habló conmigo, pero yo ya no escuché a ninguna. Había yo entrado en esa “burbuja” que tengo en el cerebro, donde sé entrar cuando no puedo procesar algo y me aíslo de sentimientos, emociones, el ruido, la gente, la luz, la realidad, y funciono en automático. Regresamos en el auto, el que yo conducía pues años viviendo con esa burbuja en mi cerebro me hace capaz de funcionar a ese nivel, y en el auto mi mamá siguió repitiendo lo que dijo en el consultorio. Sólo que esta vez, a diferencia de cuando era una adolescente, en lugar de meterme más a la burbuja protegiendome; me mantuve al borde de ella siendo capaz de escuchar a mi madre y tratando de entender que mierda me estaba diciendo.

Cuando llegamos a casa y estacioné el auto. La miré y le dije, en un tono de voz muy neutro que se fue volviendo apasionado con cada palabra:

“Tienes idea, pero realmente IDEA, ¿de todo lo que he logrado en la vida MAMÁ? He estudiado como una loca, tengo maestrías, diplomados, tengo 3 trabajos que me encantan, escribo y la gente me lee por Dios! He desarrollado bulimia, he salido de ella, he vuelto a entrar y vuelto a salir yo sola! Y viajo, si viajo mucho! Me puedo pagar mis viajes! Tengo un hijo, YO SOLA, porque quise, porque no necesito a un hombre en mi vida mamá, no necesito a un hombre que me diga que hacer, no necesité casarme para sentirme realizada, el amor vendrá después algún día quizá pero eso NO ME APREMIA! ¿Sabes que me apremia? ¡La lucha por la igualdad! ¡Que mi hijo sea un hombre feminista!, poderle pagar la universidad y la carrera que quiera, poder seguir pagándome mis viajes, QUIERO CONOCER GRECIA MAMÁ! Y sabes que más quiero más que un estúpido vestido blanco? QUE DEJES DE LLORAR PORQUE NO ME CASÉ, CUANDO NO VES QUE TENGO 33 AÑOS Y TENGO LO QUE MUCHAS MUJERES SUEÑAN: SOY FELIZ MAMÁ! NO LO VES!

Mi mamá me llamo egoísta ese día. Y nos dejamos de hablar como por 7 días, pero como a los 7 días le empezó a doler el pie me consultó que podía tomar y volvimos a hablarnos.

He aprendido, con dolor y desapego, a vivir sin buscar la aprobación de mis padres (en especial la de mi madre) Y no, no es que no la quiera, si quiero a mi madre. Pero todos necesitamos vivir de acuerdo a lo que nos hace felices, y no de acuerdo a lo que haría felices a otros.

Los planes son nuestros, la vida es nuestra, y está ahí para diseñarla, hacerla, pintarla, construirla y VIVIRLA. No entiendo porque el sueño de mi madre era que me casara, tampoco pretendo entenderlo, cada ser humano es un caja de sorpresas donde habita un agujero negro en el centro; pero acepto que ese “es el sueño de mi madre” y que no es el mío, y espero que un día mi madre me vea y sepa que soy feliz; y que sepa que si voy a psicoterapia es porque quiero criar un hijo feliz sin cargarle mis sueños y menos aún mis temores y traumas.

Diseñen su felicidad, no esperen la aprobación de nadie. No la necesitan.

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