Te quiero. Pero tengo que dejarte ir.

Todas hemos tenido un chico que tuvimos que dejar ir. 
Hace 4 años yo conocí a “ese chico”, que el día de hoy 25 de Junio del 2017, tengo que dejar ir. Cuatro años atrás, él llevaba lentes y parecía callado, pero si lo mirabas podías ver que había mucho más en él; además tenía los ojos traviesos, muy traviesos, como si supiera mucho más de lo que parecía saber.En estos 4 años, lo vi y lo dejé de ver en varias ocasiones, y en cada ocasión que lo dejé de ver porque se iba de viaje o se mudaba temporalmente a otra ciudad, siempre me decía a mí misma: “Ya no lo volveré a ver más, ni le responderé los mensajes de WhatsApp, ni el inbox de Facebook, ni nada. Me olvidaré de él”. Pero cuando reaparecía, otra vez salíamos, reíamos y de nuevo no podía alejarme de él.Nunca hemos sido enamorados, si están pensando eso al leerme; más bien éramos de esos amigos que salen, toman, hablan, se mandan memes por WhatsApp, ríen de los mismos chistes, y cuando nadie nos veía nos besábamos y a veces teníamos sexo.En cada ocasión que aparecía, mis amigas cercanas (unas tres al inicio, dos después, ya que sufrí el “Síndrome de pérdida de mejor amiga” a los 29 años) se dedicaban a decirme que no lo vea más, que lo vea como una cosa informal, que no me ilusione, que vaya con calma, que vaya rápido, que le pregunte por sus sentimientos hacía mí, que no le pregunte nada y deje que las cosas sucedan, que tenga cuidado con él y que me arriesgue con todo pues ya hace tiempo no tenía una relación con nadie. Así de confusos eran sus consejos, exageradamente confusos, pero eso sí: muy bien intencionados todos. No obstante, a pesar de todo lo que me decían, nada llegaba a quitarle a este chico — al que llamaré Gary — todo lo que yo veía en él.Vengo de una familia que en sus orígenes fue pobre y salimos adelante económica y socialmente por el esfuerzo de mi padre, quizás por ello lo que más admiraba en Gary eran sus ganas de crecer, de alcanzar sus sueños, de capacitarse constantemente en su profesión, de trabajar en las mejores condiciones posibles, y nunca dejar de estudiar para alcanzar sus objetivos más altos. Él no tenía el soporte económico con el que yo ya al menos podía contar en la época de la Universidad, y además el apoyo de mis padres para conseguir trabajo después. No, era Gary contra el mundo. Pero Gary también tenía humor negro, ese que lo hacía capaz de reírse del novio feo de tu amiga sólo porque es feo y porque no entiendes por qué están juntos, y te pones a elaborar historias sobre la fealdad de su progenie y le creas nombres a los hijos que tendrán; todo esto en una conversación de media tarde entre risas y mucho relajo (sabiendo que nos iríamos al infierno por hablar así). Era guapo, muy guapo, tenía una hermosa boca que parecía dibujada a pulso y es lo único que yo podía mirarle cuando me encontraba con él en la calle o en el trabajo (cuando por un tiempo trabajamos en la misma institución).Pero Gary era más que eso. Tenía la mirada que tienen los perritos abandonados en la calle cuando llueve y hace frío, y sólo dan ganas de tomarlos, adoptarlos, abrazarlos, abrigarlos y engreírlos. Cuando estaba con él, lo que más quería era que él estuviera bien, y cuando no estaba cerca a él, deseaba que estuviera recontra bien.Cuando teníamos sexo siempre me dejaba portarme cariñosa con él. “Trato de pareja, 100% profesional” – le decía yo con ironía, y él reía conmigo, me abrazaba y se debaja besar, abrazar y que le haga cosquillas con mi cabello. Mientras lo besaba y acariciaba, él me contaba anécdotas de su época de colegio, de universidad, del barrio, de sus ex novias, y de las mujeres que había conocido, y yo le contaba lo mismo. Salvo que cuando él hablaba de cierta “ex novia” en particular, y yo hablaba de cierto “ex novio psicópata” que tuve, ambos poníamos el tono de voz triste, melancólico, y comparábamos lo que habíamos aprendido de esas “relaciones desastre”, las cicatrices que quedaron y lo que se llevaron. Hablar con él de cualquier tema era quizá el afrodisíaco más potente, pues siempre después de hablar mucho rato, lo volvíamos a hacer y era más intenso, más bonito y sanador.Yo adoraba a ese pata, porque me hacía feliz, me complementaba. Abrazarlo me daba paz, y reírme con él equivalía a las risas de toda una semana al lado de mis amigos más graciosos. Una vez le dije que lo quería y que me gustaría ser su novia, y él sólo me abrazó y me dijo que en ese momento “no pensaba en eso”. “En eso”, pensé yo, se refería a que no pensaba en ser novio mío, o en no ser novio de alguien, o no pensaba en quererme o en no querer a nadie. Y no le insistí.Con lo que he vivido con él podría escribir una nueva versión de “El Amor en los Tiempos del Cólera” (de Gabriel García Márquez), con el eterno amor de Florentino Ariza por Fermina Daza, donde yo a veces era Florentino y él era Fermina, y a veces era al revés. Este año reordene mis prioridades, saqué la basura de mi alma, ordené en cajones los pendientes por hacer de mi vida, y archivé lo que ya no sirve apenas como recuerdo. Y cuando encontré el archivo llamado “Gary”, con corazones, pajaritos, fotos de días en discotecas y frases escritas alrededor de este archivo ficticio, me di cuenta que debía YO (no él) saber en qué caja iba: archivo, amor, prioridad, olvido; después de todo es chévere eso de una relación sin relación, o amigos con beneficios y un shot de cariño, y todo lo demás; pero yo lo quería.Retomé contacto con él después de tiempo, pues desde hace un año se había retirado a estudiar un diplomado a otro lugar. Y era como sino hubiese pasado un día, un mes, un equinoccio desde la última vez que nos mandamos el último meme por Whastapp. Las mismas risas, la misma conversación. El mismo Gary riéndose burlonamente conmigo y con sus ojos de niño tierno que necesita algo pero no sabes qué. Hemos conversado online cerca de más de un mes, y ayer nuestros horarios coincideron en una misma ciudad, quedamos en vernos y por primera vez pasar la noche juntos.Yo no paso la noche con nadie desde hace más de 6 años creo, pero no me sentí intimidada, al contrario, lo deseaba y anhelaba muchísimo. Nos encontramos a las 10 en el departamento que tomo cuando estoy en esta ciudad, y volvimos a tener una espectacular noche de sexo.Luego, y como siempre, nos quedamos hablando largo y tendido sobre todo. Desde el último orzuelo que le había salido a mi perro hasta la última chica con la que él salió el año pasado. Se había dejado un poco la barba, así que con ella me hacía cosquillas en la frente y en la espalda, y también nos dedicamos a la actualización de lo que sabía el otro sobre la vida de amigos en común (en buen cristiano: nos dedicamos al CHISME).No sé en qué momento tomé valor; y más que valor, se hizo presente en mí toda la madurez ganada y trabajada durante años de caídas y sacadas de mierda emocionales, pero le dije:

“Yo te quiero. Tú lo sabes. Te quiero bien, quiero que seas feliz, que tengas todo lo que quieras. Quiero cuidar de ti, aunque no sé bien cómo porque eres una persona independiente, autosuficiente y muy inteligente. Y lo que eres es lo que admiro, no es el sexo ni el que me hagas reír, es que veo en ti esas ganas de darle la contra al fracaso todos los días, y quiero quererte y hacerte porras en cada triunfo. No te pido que te cases conmigo, ni que nos vayamos a vivir juntos ni nada por el estilo, a mi edad quiero una relación de enamoraditos que se toman de la mano, viven, experimentan y se quieren. Tú, ¿me quieres?”

Antes de que me dijera nada, yo ya sabía la respuesta, y efectivamente fue lo que salió de su boca: “No”. Y luego seguimos conversando de cómo nuestras relaciones previas habían influido en algo en lo que éramos en este momento. Él decía sentirse “cerrado” a amar, a entregarse, y que la última chica con la que estuvo (el año anterior) se metió en su vida porque la veía a diario en el trabajo y se acostumbró a su presencia. Me volvió a recordar a aquella chica que hace años le rompió el corazón, lo tiró al suelo y bailó Lambada encima de los pedazos que quedaron (una chica borderline total de esas que destrozan sus vidas y vidas ajenas), y me dijo que quisiera NO SER ASÍ, NO QUEDAR TAN CERRADO A TODO, PARA PODER DARSE OPORTUNIDAD EN RELACIONES QUE ÉL SABÍA QUE PODRÍAN SER BUENAS. Ojo, no dijo: “para darme la oportunidad contigo, Emilia”, sino “para darme la oportunidad en relaciones que podrían ser buenas”. La verdad todo ello ya lo había sobreentendido desde el momento en que me dijo NO.Regresamos al tema de qué superhéroe sobreviviría a una masacre entre los de Marvel y los de D.C. Comics, y lo volvimos a hacer, y nos quedamos dormidos.

Hace un par de horas nos despedimos, normal, como cualquier despedida. “¡Hablamos! ¡Besos, bye!”

Pero yo vi en su mirada, antes de que se fuera, que él estaba diferente. Sus ojos de ardilla asustada ahora reflejaban otra cosa. Gary estaba pensando en alejarse de mí, estaba segura. Le di un suave beso y una sonrisa, él salió a abordar su taxi. Cuando cerré mi puerta lo supe. Ya no podría ver de nuevo a Gary pues sólo me crearía ilusiones y alimentaría en vano TODO lo que sentía por él. Él me miraría como siempre, y yo seguiría mirándolo pensando: “quiero que este chico sea feliz el resto de su vida”. El corazón hizo una pequeña explosión en mi pecho, vamos, no era la primera vez que me rompían el corazón (era la tercera), pero esta vez fue bajo mis condiciones, me había preparado para ese momento, hasta casi pude predecir el desenlace, y tuve la noche más bonita de mi vida en años, a pesar de que fui “choteada”.Puse la canción “El Sol No Regresa” de la Quinta Estación, canté, interpreté la canción como si fuera mi concierto personal (Emilia Matiss Unplugged 2017), lloré.Ya pasaron varias horas desde la despedida con Gary (Gary pues, realmente nunca me gustó cómo sonaba su nombre), y sé que él —para mí — será el chico que dejé ir. Porque, como me dice mi gran amiga Emo:

“Si ves un vestido lindo que te gusta y lo vas a comprar y está con el 70% de descuento, no vas con la cajera y le dices ‘por si acaso, yo quiero pagar el precio total, el de etiqueta, el 100%’. Nooo, tú tomas la oportunidad de oferta si esta ahí a la mano, y más aún si el vestido es bonito, bien hecho y a la moda. No seas un vestido de oferta, Emilia, que aprendan a pagar el precio de etiqueta por ti.”

Y sí pues, no quiero ser el vestido de oferta. Aunque el comprador sea el hombre de mis sueños, no quiero ser el vestido de oferta. 

Gary, si un día lees esto, te dejo unas líneas de “El Amor en los Tiempos del Cólera”, que es como debí haberme despedido de ti el día de hoy (sólo porque nos gusta el drama #DramaQueen):

“Y la miró por última vez para siempre jamás con los ojos más luminosos, más tristes y más agradecidos que ella no le vió nunca (…), y alcanzó a decirle con el último aliento: sólo Dios sabe cuánto te quise”. 

El Amor en Los Tiempos del Cólera. Gabriel García Marquez.
Flor Incompleta por Pita Maria Luisa
Un agradecimiento especial a la artista plástica Pita Maria Luisa por su arte. Flor Incompleta. 

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