¿Por qué SOY “LA MALA INFLUENCIA”?

Tenía 27 años, una carrera hecha, ganaba bien (me podía mantener y darme mis gustos en ropa y viajes) y vivía sola, pero para los novios de mis amigas me convertí en “LA MALA INFLUENCIA”.

Es común en grupos de amigas tener las habituales “ladies night”, donde las jarras de sangría, las copas de daiquiri o las conocidas “piscina” no dejan de llegar en toda la noche, y bailas coquetamente hasta abajo con tu bestie y te tomas muchas fotos solo para poder escoger y postear el mejor selfie. La noche acaba tarde, generalmente acaba cuando ya todas han bailado su canción favorita y no antes.

Pues, cuando mis amigas empezaron a entrar en relaciones más serias, se mudaron con sus novios o en algunos casos se comprometieron (con un hermoso anillo incluido), caí en cuenta que estas salidas cambiaron de tono.

De pronto era común que el ladies night, que como es de conocimiento universal empieza a las 11pm o 12 de la noche, ahora terminara a la 1 a.m. hora en que llegaba el enamorado, conviviente o novio, y se pusiera a bailar con su pareja, y nos diera al resto una mirada como diciendo: “Y ustedes que?”, como obviamente ni su mirada ni su presencia hacia que la noche finalice, el resto de amigas y yo seguiamos bailando, pasando las copas de daiquiri y armando coreografías de moda.

El recien llegado nos volvía a mirar, pero ahora como diciendo: “Ya se van?”. Y claro el que me lee puede decir que estoy alucinando y que seguro son ideas mías por ser la amiga soltera envidiosa, pues no. Llegaba el momento en el cual el novio, ofuscado porque no entendiamos sus miradas, se acercaba y me decía: “A que hora se van? no estan ya muy ebrias como para seguir tomando? Osea todos los chicos de la discoteca las estan mirando bailar”, esto me molestaba, pero trataba de ser la amiga buena gente y le contestaba en broma y en parte en verdad: “Oye cuida a tu novia que nosotras estamos bien, yo no estoy ebria solo estoy demasiado feliz!”. Y la fiesta continuaba, y seguía el meneo de caderas y los brindis. Pero el novio conciente de con quienes debía y con quienes no debía hablar, decidía retirarse de la discoteca con su novia (muy bien es un pais libre, un poco intolerante pero libre) pero se acercaba al resto de mis amigas y les decía: “las llevo a todas a sus casas, vamonos”. Y al menos el 80% de mis amigas empezaba a tomar sus cosas, casaca, celulares, carteras, whatever, se despedía del 20% restante y se iba con él (es que es más seguro regresar a casa con un hombre que nos acompañe, ¿no?)

Me dejaba pensando.

Al día siguiente o a veces a las semanas siguientes, la enamorada, cónyuge o novia me contaba en calidad de “te cuento pero me da roche decirte”, que su pareja le había dicho que Emilia, osea yo:

“Es una mala influencia, una mala chica, de la clase de chicas que le gusta hacer tomar a las amigas para que estas hagan cosas malas, y ya no quiero que salgas sola con ella”.

La amiga que me decía esto se reía como si hubiera sido el chiste del año mientras yo pensaba: “¿pero que mala influencia puedo ser? osea ¿que cosa mala quiero que hagan? ¿acaso las voy a llevar a robar un banco o vamos a ir a tomar una comisaría o iremos a pintar de morado una iglesia?”. No se me ocurría que cosa mala podrían creer que yo quisiera que hagan mis amigas, si cuando ellas ya estaban muy tomadas yo misma las llevaba y dejaba en sus casas, y si había que vomitar (por favor el que no ha vomitado ebrio que tire la primera piedra!) era yo la que las llevaba al baño y me quedaba ahí con ellas. ¿Por qué era yo la mala junta? ¿la mala influencia? Y lo que más me dolió en ese momento fue: ¿Porque a mi amiga esto le parece una broma en vez de voltearle la cara a su novio por hablar así de la chica que ella conoce desde hace mas de 10 años?

Fue incómodo, no supe que decir y ni siquiera me pude reir.

Con el tiempo fueron más las amigas que se unieron al club de las comprometidas, convivientes o en relaciones serias con sus parejas, y fueron más las veces en las que ya no UN novio, sino manadas de ellos llegaban a nuestros ladies night a bailar con sus novias y mirarnos a las solteras como diciendo “Y tu qué?”. Al menos un par de ellos me preguntó porque me vestía “así”, con minifalda o con blusas ajustadas, y yo les decía: “Porque quiero”, no sin sentirme totalmente incómoda por ser examinada y evaluada sin estar en el colegio.

Los ladies night dejaron de ser al menos una vez al mes, para convertirse en eventos casi semestrales, y se volvió común salir en grupo con los novios incluidos; fue poco a poco cuando caí en cuenta que yo era la única que quedaba soltera y todas ya tenían pareja. Sinceramente esta situación me habría importado un pimiento fermentado, pero las conversaciones empezaron a tratar de “como conseguirle un novio a Emilia, porque es la única que queda sola, y sola no puede estar”.

O sea ya no hablabamos de las pestañas falsas de fulana, o del peinado de mengana que la hacía lucir como Gloria Trevi con laca, o del fulano nuevo del trabajo de mi amiga que estaba más bueno que las papas fritas, o del problema de mi amiga y  que todas la ayudaríamos a superar, o de aquella locura que hicimos esa vez en el techo de la casa de una amiga donde casi nos quemamos todas por imprudentes. NO. Ahora el tema en todas las noches de discoteca era: Vamos a empatar con un chico a Emilia, porque Emilia no puede estar sola, y si Emilia se sigue vistiendo así va a atraer a un chico cualquiera y de esos hay un montón y no le conviene.

Supongo que hasta ahora mis amigas se preguntarán porque ya nunca puedo salir con ellas, nunca tengo tiempo o siempre tengo otro compromiso más importante.

Supongo que ellas esperan que en algún momento salga de nuevo con ellas, “como antes” me han dicho a veces. Pero “como antes” ya no hay. Ellas estan enamoradas, y estoy feliz por ellas pues aunque sus novios me parezcan unos trogloditas, sin gusto y con el encanto de una roca mascota o de Jabba The Hutt; ¡son sus novios! y ellas estan enamoradas y el amor es hermoso (o eso dice mi abuela).

No puedo decirle a mis amigas que quiero mandar a rodar a sus novios por cada vez que cuestionan mi forma de vestir, porque A ELLOS QUÉ LES IMPORTA COMO ME VISTO!, tampoco puedo decirles que quiero mandarlos al trozo cada vez que manifiestan su duda existencial (cada 5 minutos) de POR QUÉ NO TENGO NOVIO, y menos mucho meeeeenos tengo porque seguir sonriendo amablemente cuando ellos se rien de que mi última relación fue un fracaso y “que eso me pasa por meterme con chicos inmaduros y lo que yo necesito es un verdadero hombre”.

La verdad no quiero problemas con las ladies que una vez fueron mis amigas intimas, mis compañeras de pista de baile y mis hermanas de consuelo. La última vez que salimos “en grupo” donde la única impar era yo y estaban haciendo “la chanchita” (dícese de la junta de dinero para comprar las bebidas alcohólicas), abrí mi billetera y dije: YO PAGO TODA LA PRIMERA RONDA”, y miré adrede con sorna y desdén a los “novios machos alfas”… y sentencié “Y TAMBIÉN N LA SEGUNDA”. Y luego de eso ni los novios ni mis amigas me hablaron por un mes. No quiero (más) problemas.

Estamos para vivir sin que nos cuestionen, para divertirnos sin tener que hacer peleas mentales con el sexo opuesto, y tampoco vamos a pelearnos por una mujer. Mis amigas han encontrado el amor y soy feliz por eso; yo estoy en busca de otras cosas que representan felicidad para mi.

Pero la primera ronda siempre la pongo yo…. AUNQUE LOS CASTRE MENTALMENTE UNA SEMANA, sorry-not-sorry.

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Categorías:Feminismo

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